La ola de robos en negocios continúa ante la desesperación de los dueños

El local de la calle de Alfonso Rodríguez Castelao amaneció ayer con un cristal roto | patricia g. fraga
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La dueña del café bar Doryan, en Los Rosales encontró la cristalera rota a primera hora de la mañana de ayer. No era un espectáculo insólito para ella: se trataba de la cuarta vez que allanaban su negocio desde finales de febrero. “Estoy quemada”, confesó la afectada. El ladrón había provocado los destrozos solo para hacerse con unos cuantos paquetes de tabaco. No es la primera vez que lo hace, y la dueña ya no sabe qué hacer para disuadirlo. “Dejo hasta la caja registradora abierta para que vea que no hay nada”, explica. Sin embargo, el escaso beneficio no consigue desanimar al ladrón, que sigue visitando el local de la calle de Alfonso Rodríguez Castelao con desesperante asiduidad. El suyo es el caso más extremo de la ola de robos que vienen sufriendo los hosteleros.
Este incremento en los allanamientos, siempre de madrugada, suele concentrarse los fines de semana. Este último también se detectó otro robo en la avenida de Finisterre. El objetivo preferente de los delincuentes los negocios de hostelería, como bares o cafeterías. Los últimos allanamientos, que se atribuyen a más de un grupo de personas, han tenido lugar en barrios como Elviña, Eirís o Castrillón, aunque también se han dado en otras zonas como el Paseo de los Puentes. En la mayor parte de los casos, los dueños llegan a sus negocios para encontrar el escaparate destrozado y la máquina tragaperras, destrozada.

La caja registradora es también uno de los objetivos preferentes porque los ladrones siempre priorizan la búsqueda de dinero en efectivo, aunque también se lleven algunos productos. Tabaco, como en el caso del Doryan, o algunas botellas de alcohol, como también es habitual. Tampoco es raro que desaparezca algún reproductor e música e incluso una pantalla de plasma.
El problema en muchos casos no es el robo en si, sino los daños que provocan los delincuentes para forzar la entrada. Lo habitual es que rompan la luna con un objeto contundente, muchas veces tomado de la misma calle: el fin de semana anterior, habían entrado en una taberna irlandesa del Paseo de los Puentes, donde emplearon una rejilla de un registro de pluviales para reventar una ventana de la parte trasera del local. Para cuando llegó la Policía, ya era tarde: el sospechoso se había esfumado.

Más vigilancia
En parte, ese es el problema: que un ladrón no tarda más de cuatro minutos en entrar y salir de u local, y llevarse lo que busca: algo de dinero en efectivo. La táctica que sigue la policía Nacional es acudir rápido al primer aviso por parte de un testigo casual o por la activación de una señal de alarma, pero muchas veces no es suficiente, a pesar de que se ha incrementado la vigilancia, como asegura Mariló Fernández, presidente de la asociación de vecinos de O Castrillón. “Se ha incrementado la vigilancia y la presencia de la Policía es constante, tanto de la secreta como la uniformada”, mantiene la portavoz del sector.
Pero incluso en el caso de que una pronta respuesta policial que atrapa al sospechoso, eso no significa que el problema se haya resuelto: la Policía Local detuve el viernes en Monelos al sospechoso de un robo a un tienda de ropa deportiva, al que sorprendieron con dos mochilas llenas de lo que resultó ser mercancía robada por valor de 700 euros. Tras interponer una denuncia, se le puso en libertad. “Con las mochilas vacías, para que pudiera llenarlas otra vez”, comentó Fernández, no sin cierta acritud. “He hablado con locales de Rafael Bárez y Vicente Alexandre y todos están pensando en tomar medidas”.

La ola de robos en negocios continúa ante la desesperación de los dueños