Una olvidada alameda hermoseó el entorno de la calle de Juana de Vega

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Pocos viandantes saben que A Coruña tuvo un paseo de la alameda y un lago que separaba la muralla de tierra de la otra franja del Campo de Carballo, lo que hoy es Juana de Vega. 
El 19 de enero de 1792 se dio un aviso de que se pasase al maestro mayor la relación presentada por Juan Méndez de los gastos, que la examinase y dijese si estaba arreglada y si no, la arreglase y al interventor, que diese su dictamen al respecto. 

Cuatro años más tarde, el 15 de enero de 1796, la junta acordó que el corregidor se sirviese encargar a los mayordomos, de las feligresías inmediatas a la ciudad, que trajesen los álamos necesarios para completar la alameda de junto a la Puerta de la Torre de Arriba y que los mismos labradores los plantasen. A ellos se les satisfaría por su trabajo así como  el importe de los árboles.

En 1819, en la misma junta, se tuvo presente que tres mil reales aprontó en Tesorería Antonio Bartoli por cuenta de lo que adeudaba del arbitrio del vino, que estuvo a su cargo en los años de 1817 y 1818, existían aún, y que su objetivo era emplearlo en hermosear el paseo de la alameda, ahora del marqués de la Reunión, y en recomponer la construcción del Cantón Pequeño, hasta la Puerta de la Torre de Abajo. 

Para el 16 de septiembre de 1823, la junta comunicó a Francisco Martínez Romero que volviese a poner la alameda del mismo modo que estaba antes del sitio de la plaza. Debería cuidar de buscar persona que sirviese al encargo de guarda de esta y dando las disposiciones para su terraplén, colocación de asientos y lo más necesario.

Sesión anterior 
El 24 de febrero de 1826, el Ayuntamiento, a consecuencia de lo acordado en sesión anterior, decidió dedicar el paseo de la alameda al marqués de la Reunión, que había sido capitán general en La Coruña. Representaba la vista de una inscripción sencilla y majestuosa y señalaba el feliz reinado en el que se había proporcionado a los coruñeses el único paseo del que disfrutaban y el nombre del general, bajo cuyos auspicios se había podido realizar en el año de 1819. La inscripción decía “Reinando el señor don Fernando 7º de Borbón” y en su zócalo se leía “Paseo de la Reunión”.

El Ayuntamiento, según lo establecido en el año 1820, y en debido obsequio a las virtudes del marqués de la Reunión y de lo grata que era su memoria a este leal vecindario, acordó establecer en el zócalo de la lápida el rótulo de paseo de la Reunión. Así lo expresaba en su exposición José Pastor.

Por otra parte cuando se proyectó la obra del Puerto de La Coruña, el 9 de julio de 1861, se pretendió que la vía férrea partiese de la playa de Riazor, atravesando el Campo de Carballo y que entrase por la Puerta de la Torre de Abajo, para desembocar al mar, por la muralla de frente a la alameda, con el fin de transportar arena de dicha playa para los rellenos del malecón del puerto.
Los mismos contratistas solicitaron otro permiso el 31 de diciembre de 1862 para tender otra vía férrea que atravesaría las calles de Santa Catalina y la Rúa Nueva, para transportar la arena desde el Orzán y completar de este modo la obra del malecón. 

Informe
El informe emitido por la Comisión de Policía no aconsejaba tal cosa y el Ayuntamiento denegó la autorización. También prohibió que se extrajese arena de las playas del Orzán y Riazor, por los inconvenientes que acarreaba.

Tomaron en consideración, el 27 de diciembre de 1875, el siguiente acuerdo: “Vista la contestación dada por Vicente Pérez Villar, al notificar en sesión de 17 del, corriente, la demolición de la muralla de fortificación situada en la antigua Alameda, de la proposición que al efecto hizo y resultando que se halla conforme en que dicha demolición se verifique en toda la extensión del expresado paredón, en sus dos extremidades, Sur y Norte, así como en satisfacer cuanto se le prevenga, el importe en que esta obra sea rematada, quedando a su favor los materiales sólidos que produzca y que se le entregarán apilados, según la condición primera de las económicas: Ha resuelto el Excelentísimo. Ayuntamiento que se proceda a la subasta pública del mencionado derribo, bajo el presupuesto y condiciones aprobadas en la citada sesión”.

Mientras que el 22 de septiembre de 1878 se procede al desmonte de la antigua alameda, mediante el presupuesto formado por el arquitecto municipal de las obras para su completo desmonte y explanación, hoy calle de Juana de Vega, que ascendieron a 2.112 pesetas y 88 céntimos.

Una olvidada alameda hermoseó el entorno de la calle de Juana de Vega