El San Juan vuelve a los barrios en su noche menos multitudinaria

El Ideal Gallego-2020-06-24-012-e2f1b4e4
|

Fue una Noche de San Juan única, aunque exactamente igual de mágica. Desprovista de las hogueras que arden en la oscuridad, la playa de Riazor y Orzán parecía un desierto iluminado solo por las farolas. Los únicos fuegos que se encendieron fueron los de las trescientas parrilladas repartidas por toda la ciudad, en un esfuerzo por hacer de la necesidad virtud y de las medidas de la crisis sanitaria una vuelta al San Juan más tradicional, el de los barrios, pero la idea no cuajó, y el San Juan de 2020 pasará a la historia como el menos multitudinario jamás registrado.

Las Meigas 2020 fueron las que comenzaron a celebrar la fiesta asistiendo a las 12.30 horas a la iglesia de Santo Domingo para presentar su tradicional ofrenda ante la imagen de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la ciudad mientras que en el barrio de Os Mallos, algunos comercios repartieron hasta mil claveles entre sus clientes para consolarlos por la ausencia de las luminarias.

Prudencia

La alcaldesa, Inés Rey, había acudido en persona a contemplar los preparativos del Paseo Marítimo a las seis y media de la tarde, aunque en esta ocasión, no había grandes carpas de Cruz Roja preparadas para atender al público que sufriera quemaduras propias de las hogueras, Aún así, Rey pidió prudencia de nuevo.

Pero todo marchó incluso mejor de lo que las autoridades habían previsto. Ni siquiera fue necesario que las hicieran un esfuerzo para desalojar la playa. A partir de las siete y media de la tarde se comenzó a evacuar los arenales, como estaba previsto, de los escasos bañistas que habían bajado a pesar del tiempo desapacible.

La Policía Local tuvo que advertir a un pequeño grupo de recalcitrantes, pero la neblina que cubría el cielo como una cúpula había hecho la mayor parte del trabajo. En el centro, que otros años se abarrota con miles de personas, la animación era menor que una noche de sábado cualquiera. Los lugares con más público eran San Andrés, la calle Sol, la Estrella, la Barrera y Emilia Pardo Bazán, pero era fácil encontrar una mesa vacía a las diez de la noche, algo inconcebible en cualquier otro año, cuando a la clientela coruñesa se suma la proveniente del exterior.

Pero en los barrios, sí que se notaba la animación propia del San Juan, unos rescoldos que ardían alrededor de las parrillas. Desde luego, el ambiente era palpable en Los Rosales, donde la plaza Elíptica acogió una celebración En Os Mallos, el presidente de la asociación de comerciantes, José Salgado, comentaba que todos los establecimientos que en anteriores años habían montado parrillada, este año habían repetido, y con ellos algunos más. “Se nota que había ganas”, comentaba, al tiempo que lamentaba la falta de cuidado de los más jóvenes a la hora de llevar mascarilla o a mantener la distancia social, mientras que la gente mayor si mostraba más prevención.

La noche de San Juan, que es la más corta del año astronómicamente hablando, lo será también en otros aspectos. Sin hordas de jóvenes en las playas hasta bien entrado el día, sin toneladas de basura en los arenales, sin el olor omnipresente del humo (aunque sí de las sardiñadas) el San Juan de ayer ofrecerá a la ciudad hoy un aspecto muy distinto, cercano al de cualquier de diario. Y deja a muchos con ganas de ir a fuego en 2021.

El San Juan vuelve a los barrios en su noche menos multitudinaria