Miki lleva la charanga a Eurovisión y pone a bailar a los europeos (y australianos)

El Ideal Gallego-2019-05-19-058-ccdaebf6
|

Tel Aviv vivió anoche la nueva edición del festival de la canción de Eurovisión, que tuvo a Madonna como madrina de ceremonias. Así fue la gala en la que Miki puso la charanga como el mejor fin de fiesta de la gran celebración musical del año.

La joven maltesa Michela fue la encargada de abrir la gala desde su “camaleónica” habitación y en medio de un manojo de nervios. Más aplomo mostró la albanesa Jonida Maliqi, que dejó sobre el escenario de Tel Aviv un mensaje sobre la crisis migratoria. Tras ella, los simpáticos checos Lake Malawi pusieron a bailar el pabellón israelí y las “sisters” alemanas se divirtieron como nadie. Tras ellos llegó el turno de uno de los favoritos, a priori, el ruso Sergey Lazarev, que se multiplicó gracias a un juego de espejos con el que quiso darle un toque más dramático a su actuación.

Y después de un pequeño “cameo” del diseñador de moda Jean Paul Gaultier, entrevistado desde la Green Room por la modelo y presentadora de esta edición, Bar Rafaeli, llegó el turno de la danesa Leonora y su silla gigante, que dejaron el toque más naif de la noche, y de Serhat, el representante del modesto San Marino, que hacía historia al convertirse en la segunda persona que representando al país se mete en la final –la primera había sido Valentina Monetta, presente en tres ocasiones en el festival–. La macedonia del Norte Tamara Todevska cogía entonces el testigo para llevar el feminismo al escenario de Tel Aviv. Su orgulloso “Proud” en su lírica voz elevaba el mensaje desde una madre a su hija. 

Gospel e intimismo
Tras la pausa llegó el turno de otro de los grandes favoritos. El sueco John Lundvik aparecía con su coro gospel The Mamas y levantaba el amor del público, una actuación a la que siguieron los intimistas esloveno. Zala y Gasper volvieron a cantarse el uno al otro, como si el resto del planeta no existiese, y conquistaron a la audiencia.

Tamta llevó el ritmo más fresco procedente de Chipre, con una propuesta que recordaba mucho a la del año pasado con la que Eleni Foureira fue segunda. Justo después, Duncan Laurence, favoritísimo desde que se hizo pública su canción, se sentó al piano para hacer las delicias con su Arcade y emocionar dentro del pabellón y a través de las pantallas.

Tras él, la propuesta griega con el jardín de las delicias de El Bosco como fondo llenó de luz el escenario para preceder al representante israelí que, jugando en casa, acabó casi llorando su actuación. El ritmo más discotequero volvió con los noruegos y su propuesta dance con toque de canto tradicional y con el británico Michael Rice, con una canción precisamente compuesta por su compañero sueco.

Los bdsm islandeses pusieron el toque más original a la gala y, a continuación, el estonio Victor Crone (sueco de nacimiento) jugó con la cámara para conquistar al público con su particular tormenta musical. La benjamina de la edición, la biolorrusa Zena, pisó con fuerza el escenario a sus 16 añitos y con una propuesta de lo más milenial que precedió al azerí Chingaz. Conocido como “el español” en su país, porque se dedica habitualmente a cantar flamenco, esta vez puso toque electrónico a su canción, con un momento para el “quejío” que sirvió de culmen de su participación.

El big 5 llegó a continuación con el francés Bilal y su canto a la diversidad y con el italiano Mahmood llevando su historia personal con su padre al festival con unas palmadas como elemento más reconocible de un tema con tintes urbanos.

La serbia Nevena puso la balada balcánica del año con un huracán visual que unió a su potente voz para dar paso a la traca final de Eurovision 2019. Porque entonces llegó otro de los favoritos, Luca Hanni, un suizo que entre toque latino y dance puso a bailar a Tel Aviv y enamoró con sus bailes a media Europa. Y, a continuación, la propuesta australiana se plantó en Israel volando, literalmente. Su actuación, en gravedad cero y plagada de tono operístico mezclado con música electrónica conquistó desde el minuto uno para convertirla en otra de las favoritas a la victoria. 

Y llegó Miki. Y nadie mejor para cerrar la fiesta. Desde que empezó a sonar “La venda” el pabellón coreó la canción del español y vibró con su propuesta contra los prejuicios. Un Miki enérgico y divertido se movió con ritmo por todo el escenario para despertar conciencias y terminó contagiando de charanga a toda Europa con su “lo que ere”.

Y mientras los espectadores se afanaban en votar a sus favoritos llegaban dos de los momentos estrella de la gala. Primero cuatro estrellas de Eurovisión –Eleni Foureira, Mans Zelmerlow, Conchita Wurst y Verka Serduchka– se homenajeaban mutuamente con versiones entrelazadas de sus populares canciones en el festival y a Gali Atari, ganadora israelí en 1979 con “Halleluja”. 

Y luego ella. Madonna. La reina del pop pisó Eurovisión.

Miki lleva la charanga a Eurovisión y pone a bailar a los europeos (y australianos)