La Terraza, de A Coruña a Sada siguiendo las líneas del Tranvía

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El kiosko La Terraza, situado en Sada desde hace casi cien años, es una emblemática y exótica edificación que tiene su origen en el paseo del relleno de la ciudad coruñesa en 1912. Sin embargo, a mediados del mes de enero de 1920, el pleno municipal da cuenta de una instancia suscrita por los hermanos Manuel y Pedro Feal Díaz para el proyecto de ampliación y reforma del kiosco, situado en la carrera Sur del Parque de Méndez Núñez, relativa al terreno que ha de ocupar su ampliación, ya que ha de ser sustituido el de madera actual. 

Es entonces cuando se desmonta y se traslada a su actual posición en el municipio sadense, sufriendo varias modificaciones con respecto al diseño original.

La Terraza, de arquitectura ecléctica, es quizá lo más semejante a una fisonomía frágil y exótica, montada como un mecano gigante que no lleva clavo alguno en sus piezas, solo tojinos que unen las piezas de su configuración y un sellado que impide la entrada de todos los elementos desde el exterior. 

Curiosidad
La Terraza, a pesar del tiempo transcurrido, sigue haciendo la función para la que fue creada, de esparcimiento y ocio ciudadano, y hay que reconocer que pese a su abandono actual, sigue despertando la misma admiración y curiosidad de entonces, con más de cien años a su espalda. 

En pleno centro urbano, sus vistosos y coloridos cristales, junto con su filigrana lograda en la madera y sus exóticas formas son protagonistas del conjunto, el más fotografiado en la historia del pueblo marítimo de Sada.

La inauguración de este bello edificio se produce en los albores del año 1912 en el paseo de Méndez Núñez, donde se instaló. 

El arquitecto responsable de su diseño es el coruñés Antonio López Hernández. 

El traslado se plantea en 1920 con motivo de una nueva edificación. Entonces, se cambia, pieza por pieza, a Sada, donde está ubicado. Justo en su paseo marítimo, mirando al mar y donde finalizaba la línea del tranvía que hacía el recorrido entre A Coruña y Sada.

Diseño
Esta impresionante edificación se ideó de forma rectangular y consta de una placa de cemento donde se asienta el conjunto del kiosco, mientras que su interior forma un semisótano sobre el cual se alza majestuoso. 

La Terraza se divide en planta baja y otra alta. A la baja se accede por su parte central, subiendo una pequeña escalinata, en su parte derecha queda la barra y al fondo un pequeño comedor que da acceso a una terraza cubierta con una parra que produce kiwis, mientras que a su izquierda hay mesas de hierro y mármol. 

También dispone de otra terraza cubierta con la misma clase de parra como la anterior. En esta zona se le añadió una extensión de obra nueva para adaptarla al lugar que ocupa, donde están los servicios y la cocina, así como las referidas terrazas, ya que primitivamente el acceso original era por el costado en que se sitúan hoy dichas terrazas. 

A la planta superior, se accede por una escalera interior de madera, situada en la parte central según se llega de la calle en su parte baja, y consta de dos cuerpos, con un descanso que da subida por la izquierda y derecha de forma indistinta.

Al llegar a lo alto se descubre una planta diáfana con preciosas vistas panorámicas al paseo marítimo o avenida principal. Es aquí donde se aprecia mejor su belleza interior, con sus arcos metálicos que soportan todo el entarimado del conjunto de madera.

A lo largo de su historia, más que centenaria, este kiosco-terraza tuvo diversos usos y actividades lúdicas en su más diverso género, tanto en lo que respecta a números de ocio como a representaciones de tipo cultural, de todas las épocas y de cada momento en que tocó utilizar sus instalaciones. 

Por eso,  es un testigo mudo de la historia de nuestra sociedad y de todo lo que aconteció en el interior de sus paredes de colorido cristal y bellos acabados de madera con exquisita filigrana, entre los cuales destaca el haber sido habilitado como salón de baile, salón de actos (conferencias, cultura, celebraciones...) sala de tertulia, actos sociales diversos y como es natural, también cafetería, siendo éste uno de sus principales usos en la actualidad.

Miles de personas las recuerdan, y la reconocen tantos como la visitaron y sigue visitando. De hecho, no hay foráneo que cuando se acerca a la villa, no tome algo en este apacible kiosco-terraza. Un lugar hermoso y único de disfrute en los momentos de asueto y también en los de trabajo.

La Terraza de Sada solo necesita que el municipio se preocupe más de este patrimonio único e histórico que se conserva en Galicia y dedique esfuerzo económico en revitalizar una joya arquitectónica que tanto llama la atención a todos los ciudadanos que visitan la hermosa villa marinera de Sada.l

La Terraza, de A Coruña a Sada siguiendo las líneas del Tranvía