Una Traslación blindada por la seguridad recuerda a los refugiados

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El aumento de las medidas de seguridad tras el atentado en el mercadillo navideño de Berlín se dejó sentir en la mañana de ayer en la compostelana praza do Obradoiro, un área blindada de agentes con motivo de la celebración de la Traslación de los restos del Apóstol, en la que el delegado regio, Alberto Núñez Feijóo, pidió por los refugiados, por los que sufren y para que España “siga luchando junta”.
Los agentes de la Policía Nacional se encargaron desde primera hora de la mañana de revisar a todas las personas que querían acceder al espacio de la plaza habilitado para el público y bloquearon con sus furgones los accesos al Obradoiro para impedir la entrada a vehículos rodados en caso de un atentado.

perseguido
Durante la Eucaristía, que presidió el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, ejerció como delegado regio el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que leyó una ofrenda en la que apeló a un Apóstol Santiago “inmigrante”, “refugiado” y “perseguido” para pedir que la Europa de valores “derivados del cristianismo, el humanismo y la ilustración” sea “compatible con la acogida de los que huyen de los variados tipos de barbarie” y que “no olvide los errores del ”.
Durante la ofrenda, el delegado regio también indicó que el Apóstol contempla desde su “hogar catedralicio” una España que “aspira a afrontar sus problemas sin excluir a nadie y contando con todos” y ha pedido por esa “España constitucional” que “tiene que seguir luchando junta para garantizar que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades”, independientemente de “donde nazcan o donde elijan vivir”.
Del mismo modo, Núñez Feijóo pidió al Apóstol por el “drama de la marginación y de la exclusión social”, recordando que “los poderes públicos tienen el deber de servir de voz a aquellos que, además de padecer una dolorosa situación, carecen de recursos para hacerse oír”.
Finalmente, apeló a los “anhelos de igualdad” que se “revelan” contra la violencia de género y su “discriminación social y laboral”, ya que, en una cultura como la gallega, “cualquier violencia o discriminación afecta a la dignidad de todos”.
En su Homilía de respuesta, el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, apeló a la conciencia y al papel del cristiano para “afrontar tantas violencias estériles y desigualdades degradadoras” en la sociedad actual.
“En nuestra cultura es necesario valorar el sacrificio, la solidaridad y la entrega a los demás”, dijo Julián Barrio, que criticó que los ciudadanos actuales, “ensimismados en sí mismos”, cierren “las puertas del corazón, sin oír que están llamando a ellas” y “pensando que preocuparse de los demás es perder el tiempo”.
“Nuestro individualismo nos lleva a fomentar la comodidad, la indiferencia y la insolidaridad, resignándonos a la visión fatalista de las cosas”, dijo el arzobispo en la Homilía, al tiempo que subrayó que nadie “puede llamarse cristinano” y “pasa de lejos sobre situaciones injustas que generan marginación y abandono”. “Nuestra misión no es la de ausentarnos del mundo, sino la de transformarlo”, apostilló.

Una Traslación blindada por la seguridad recuerda a los refugiados