Espacios culturales que se reinventan para tener tantas vidas como los gatos

the room pone sus salas a disposición de los artistas para que muestren su obra patricia g. fraga
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Un nuevo modelo se instala en la ciudad. Importado de la otra ala europea y los Estados Unidos, los edificios coworking o espacios multidisciplinares están de moda en un reducto atlántico al que le cuesta acostumbrarse a la idea de que un mismo bloque puede tener muchas vidas.
Lo dice Alejandro Rico, responsable de The Room, un lugar en el que además de cenar, el visitante puede contemplar obras de arte, apuntarse a un taller creativo o depurar su técnica en la elaboración de gin-tonics. En este caso, los dos bajos de la Ciudad Vieja buscan la respuesta de los coruñeses en una lista de opciones diversas que nacen del concepto de generar sinergias. Es por eso que el comensal del sábado noche puede enganchar con un curso de pilates la próxima semana y pensar en mostrar sus óleos sin tener que pagar un alquiler por la sala.
Alejandro explica que The Room está disponible para todos los que quieran decirle algo al mundo a cambio de completar su muestrario con talleres. Ellos se llevan un porcentaje de las clases y los artistas disponen de paredes en blanco para expandir su creatividad. Cuenta el padre de la idea que falta superar una última barrera. La de los que no entienden que en un mismo local pueden convivir actividades de naturaleza dispar. En todo caso, asegura que el boca oído funciona y que la gente suele repetir.
En otro punto de la ciudad, No Importa agrupa en un mismo bloque de la calle de San Andrés a diseñadores, fotógrafos, pintores e ilustradores, que desafían a la crisis con una armadura que entiende de charlas temáticas, ciclos arquitectónicos y danza.
El local ahonda en la necesidad que tienen los creadores de enseñar su obra y ofrece a partir de mañana “CinemaJam”, donde los autores de proyectos audiovisuales podrán exhibir sus trabajos. Solo tendrán que estar antes de las diez con su cinta debajo del brazo. Para llevar el arte a los contenedores de “InCoruña” o establecer lazos con otras entidades como la Fundación Jove y potenciar así la creatividad en personas con discapacidad. Y sobre un mapa donde los bares también se reinventan.
El Hacedor de Charlas, en Gómez Zamalloa, ofrece teatro, magia y cine con el café. Dicen que la propuesta funciona y que por eso le darán continuidad en junio con más sesiones de artes escénicas durante los fines de semana. Para ello, anuncian los eventos en las redes sociales y cuando toca cine, suelen programar una película de pensar. Para acabar la velada con un debate. Y ser algo más que un café bar.

Espacios culturales que se reinventan para tener tantas vidas como los gatos