El poder de la banca

Tenían un poder absoluto y unos privilegios adquiridos, gracias a la simpatía y el beneplácito de nuestros responsables públicos, sobre ejecuciones hipotecarias, embargo de bienes o cobro a morosos.

Tenían un poder absoluto y unos privilegios adquiridos, gracias a  la simpatía y el beneplácito de nuestros responsables públicos, sobre ejecuciones hipotecarias, embargo de bienes o cobro a morosos. Eran los “amos y señores” del país. A pesar de todo ello, se dedicaban a acosar, perseguir y desacreditar públicamente a muchas familias y ciudadanos que les adeudaban varias cuotas de los créditos, por una clara imposibilidad, de manera involuntaria, de poder hacer frente a las mismas.  
¿Quién, en su sano juicio, si tiene dinero deja de hacer frente a sus obligaciones financieras y crediticias?, si dejamos de lado a algunas grandes empresas o multinacionales. La realidad es que cuando las cosas van mal y la economía familiar se resiente es cuando se reducen gastos y se establecen prioridades, antes de nada es el poder comer, vestir, pagar el colegio, cuidar de la salud y si no alcanza para llegar a fin de mes se deja de pagar el alquiler o la hipoteca de la vivienda habitual.
Hasta no hace mucho tiempo, algunos empleados de banca, acudían a los domicilios particulares o centros de trabajo e incluso a familiares y vecinos de los deudores hipotecarios para “aconsejarles” al pagode sus cuotas, por consejo de sus superiores más inmediatos. A pesar de ser conscientes de su prepotencia, la usurería, las cláusulas abusivas y la indefensión que les creaban a los humildes ciudadanos, algunos de los cuales caían en profundas depresiones y con intentos de quitarse la vida ante estas situaciones tan incómodas, injustas e  inhumanas.
Actualmente las cosas han mejorado. Estas personas y sus familias  humildes ya no se avergüenzan, se unen y luchan por sus derechos y contra el poder de la banca e la que habían depositado su confianza y que no  les ha temblado el o para desahuciarlos de su única vivienda, a pesar del código de buenas prácticas bancarias, o bien engañarlos con productos tóxicos en los que han invertido todos sus ahorros. Ojala no volvamos a caer en los mismos errores y sigamos consintiendo estas injusticias una vez llegue la próxima crisis económica, que es cuestión de tiempo.