lunes 26/10/20

Hoy hace un año

el primer aniversario de referéndum en Cataluña que, tal como se desarrolló,

el primer aniversario de referéndum en Cataluña que, tal como se desarrolló, avergüenza a los demócratas y solo los independentistas le conceden fiabilidad y validez, será recordado hoy en informaciones y muchos comentarios de analistas y expertos.
Por eso, la aportación de esta modesta columna se limita a recoger dos testimonios que enmarcan y analizan el problema catalán sobrevolando aquel acontecimiento, que solo representa un síntoma de la enfermedad grave que padece el independentismo catalán.
El primero es de Joan Coscubiela. El ex diputado de ICV y ex portavoz de la coalición Catalunya Sí que es Pot, denunció desde la tribuna del Parlament –7 setiembre 2017– la vulneración de la legalidad y de los derechos de la minoría parlamentaria por el secesionismo para aprobar “el marco legal” del referéndum del 1 de octubre.
En febrero de este año publicaba “Empantanados”, un libro en el repasa los años del procés, las posibles salidas del empantanamiento de la situación actual y, además de criticar el inmovilismo del gobierno central, fustiga la capacidad destructiva del procés.
El unilateralismo, señala, hizo saltar por los aires el capital político y social del catalanismo inclusivo; rompió la convivencia ciudadana y causó graves daños a la economía. Coscubiela, partidario de un referéndum pactado y legal como solución a la crisis catalana, advierte que “es tal el desastre” que hoy no se dan las condiciones para el derecho a decidir o para una reforma constitucional.
El segundo testimonio es de José Benigno Pérez Rico, un “ciudadano español” que en carta al director de un periódico de difusión nacional –2 setiembre 2018– expresa su dolor al ver a los catalanes divididos y enfrentados. “Me duele ver que un independista rompa la nariz a una mujer por retirar lazos amarillos. Que dirigentes gubernamentales amenacen a ciudadanos si no respetan los símbolos que ellos imponen. Que se malgasten recursos de todos abriendo embajadas…
Que infinidad de empresas hayan trasladado su sede fuera de Cataluña… Que la ocupación hotelera haya descendido. Que el delirio de unos pocos quiera apropiarse de la legítima forma de pensar de la mayoría que quieren seguir siendo españoles y su deseo de recuperar la paz social perdida”.
Nada que añadir a estas reflexiones. Coscubiela, un demócrata acreditado, y el ciudadano Pérez Rico relatan en prosa sentidas elegías sobre Cataluña, que les salen del alma. Ese mismo sentimiento invade también a la mayoría de los españoles.

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