Lo de menos es la verdad

El fin de semana el presidente del Gobierno nos dejó otra perla “orwelliana”, una más que sumar al collar que Pedro Sánchez lleva ensartando desde que se ha venido arriba tras haber conseguido retener la llave de La Moncloa pese a perder las elecciones. En el transcurso de un mitin celebrado en Santiago de Compostela predicó que hay que “respetar al adversario político porque nunca es el enemigo”. Tiene gracia o guasa dicho por quien en el transcurso del debate de investidura en el Congreso planteó que venía a levantar un “muro” contra la derecha a la que acusó de “instigar el odio y aprovechar las frustraciones de la población y ser temiblemente eficaces en la propagación del resentimiento y el odio”. Sánchez en estado puro diciendo lo uno y su contrario. Proclama en el mitin que no va a insultar a nadie y dos minutos más tarde acusa al PP de “debilitar la convivencia” por sus pactos con Vox. Vuelve al discurso de investidura cuando reprochó a Núñez Feijóo “haberse adentrado en el camino de perdición sumándose al club de Trump, Orban, Le Pen y Abascal”. Acusa al PP de blanquear a la extrema derecha y lo dice él que ha incluido en el Gobierno a fuerzas de extrema izquierda y ha conseguido renovar mandato merced a apoyo de todos los pequeños partidos que se declaran enemigos de la Constitución.


Analizar las manifestaciones públicas de Sánchez plantea un problema. Nunca se sabe si cree en lo que dice o va cambiando el relato según el momento y las circunstancias sin preocuparse de si lo que dice contradice lo que ha dicho antes sobre la misma cuestión. Sorprende, eso sí, el desparpajo con el que invita al PP a “revisar sus acuerdos con Vox para acabar con los gobiernos que -según él- están debilitando la convivencia en nuestro país”. Porque lo dice el día en el que toda España conoce ya que el PSOE va a entregar la Alcaldía de Pamplona a Bildu. El día en el que toda España sabe ya que, una vez más, fiarse de la palabra de los dirigentes socialistas es un mal negocio porque durante la campaña electoral sus candidatos negaron los pactos con Bildu.


Lo que desconcierta, irrita y sin duda debilita la convivencia son los cambios de guión del Partido Socialista del que es ejemplo el malestar generado en Pamplona y expresado con nitidez por la multitudinaria manifestación de rechazo a la maniobra que entrega el ayuntamiento de la capital a un partido que viene de donde viene y que no oculta que el objetivo de su penetración en Navarra es la euskaldunización del Antiguo Reino, pretensión que contradice la posición de la mayoría de los navarros.


Georges Orwell (“1984”) imaginó un Ministerio de la Verdad cuyo cometido era tergiversar el pasado para acomodarlo a los intereses del presente. Por boca de Óscar Puente, ministro de Transportes, supimos que Bildu es un “partido progresista democrático”. La recreación del pasado es ingeniería social. Están en ello. Abrió senda Pedro Sánchez proclamando que la Segunda República fue “un período luminoso”. Ahora toca hacerlo con Bildu. Lo de menos es la verdad.

 

Lo de menos es la verdad

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