miércoles 25/11/20

La selección pide la hora frente a Irán

Era difícil de imaginar que España podría sufrir ante el, en teoría, rival más débil del grupo B. La Roja, que acabó pidiendo la hora, ganó a Irán gracias a un solitario gol de rebote de Diego Costa

Era difícil de imaginar que España podría sufrir ante el, en teoría, rival más débil del grupo B. La Roja, que acabó pidiendo la hora, ganó a Irán gracias a un solitario gol de rebote de Diego Costa en los primeros compases del segundo tiempo. Con el 0-1, la selección asiática disfrutó de hasta tres ocasiones claras para empatar el partido mientras que el equipo de Hierro apenas generó peligro.
El buen partido, aunque con empate, ante Portugal no implicó que Fernando Hierro repitiese el once inicial de la primera jornada. Era cuestión de tiempo que Dani Carvajal entrase al equipo titular tras unas semanas de baja por lesión y el seleccionador de la Roja no quiso esperar más. Para ello se cargó a Nacho, que marcó y completó un buen encuentro el pasado viernes. La otra novedad llevaba implícita una variación táctica. Lucas Vázquez fue titular en lugar de Koke y España formó con un 1-4-1-4-1 un tanto particular ante el extremado repliegue de Irán.
El conjunto asiático que dirige el portugués Carlos Queiroz, entrenador del Real Madrid hace quince años, se pasó la mayor parte del partido en fase defensiva y su disposición no pudo ser más amurallada. Cuando España tenía el balón, Irán retrasaba su primera línea de seis piezas a la altura del borde de su área, dejaba a tres centrocampistas muy cerca de los defensas y a un delantero que se quedaba unos 70 metros de la portería de David de Gea. Solo en saques de puerta, el equipo blanco conseguía encontrar las peinadas de su punta y pisar campo contrario, algo que hizo en contadas ocasiones.
España no arrancó excesivamente bien. Quizá le faltó fluidez, velocidad en los pases y profundidad. La banda izquierda, en la que en posicionamiento de partida formarían Jordi Alba e Isco, fue exclusiva del lateral zurdo del Barça ante la movilidad por zonas interiores del mediapunta del Real Madrid. La Roja acumuló muchos futbolistas por dentro y más durante la fase de primer acto en la que Lucas Vázquez también se descolgaba cerca del punta. En algún momento terminaron juntándose Diego Costa, Isco, Lucas, Iniesta, Silva, Busquets y hasta los dos centrales, que parecían una pareja de mediocentros pisando parcela del campo rival con asiduidad.
No traicionó a su estilo la Roja y, aunque en ocasiones se reclamó algún tipo de variante en forma de disparo desde media distancia, generó dos ocasiones con el ‘citizen’ David Silva como protagonista principal: la primera en el minuto 29 con una volea tras un segundo balón en el área –acción técnica previa de Isco realmente brillante- y la segunda, todavía más clara, ya en el 45, con el portero iraní prácticamente vencido pero la bola, desviada por un defensa, no encontró puerta.
España optó por el paso a paso, por tratar de desarbolar al adversario con el pase, con la conducción; en definitiva, con la pelota. Pero le faltó algo, mucho durante varias fases del encuentro. Llamó la atención que la Roja no pasase por encima de Irán, equipo inferior a la Portugal del 3-3 o muy inferior a la Argentina del 6-1. El 0-1 al descanso no parecía nada malo. Básicamente porque se suponía que con el marcador en contra, en algún momento del segundo tiempo, el equipo de Queiroz tendría que romper su telaraña defensiva para buscar el tanto del empate.
Probablemente los diez primeros minutos de la segunda parte fueron los mejores de España en todo el partido. El descanso debió sentarle mal a Irán porque fue en ese inicio de la segunda mitad en el que cometió más errores defensivos. En el 49, Sergio Busquets hizo algo novedoso en el transcurso del partido: probar desde fuera del área. Su lanzamiento con la derecha descubrió que el portero iraní es muy flojo, tanto que no se explicó su rocambolesco despeje a una mano dejando el esférico muerto en el área pequeña –Lucas Vázquez no llegó a empujar por centímetros–.
Irán dio señales de vida en ataque a los siete minutos de la segunda mitad, cuando Ansarifard, número 10 del combinado que prepara Queiroz, cazó un segundo balón dentro del área y soltó un derechazo que muchos iraníes celebraron como el 1-0. Había engañado a más de uno el efecto óptico porque el cuero se había ido fuera, muy cerca del palo derecho de un De Gea que no podría haber impedido el gol.

De carambola
El susto ante un posible tanto en la portería de España tuvo efecto inmediato en el campo contrario. En un de los pocos momentos del partido en los que Irán concedió espacios en zonas interiores, Iniesta se propuso brillar con una de sus conducciones incomparables y puso el balón con la velocidad justa y a ras de césped en el balcón del área, donde se encontraba Diego Costa. El delantero brasileño de España recibió en la frontal, de espalda a la portería. Controló con la derecha, orientando la bola hacia su izquierda, pero enseñándole la pelota a un defensor iraní que, en su intento de despejar, llevó la pelota a la rodilla de Costa y de ahí se fue a la red (0-1) ante la sorpresa del cancerbero Beiravand y para alegría del combinado español.
La reacción de Irán no se hizo esperar: Taremi cabeceó en el segundo palo un centro que permitió Jordi Alba desde el carril izquierdo español. Ezatolahi, en el minuto 61, metió el balón en la portería, pero en claro fuera de juego, por lo que la euforia iraní se derrumbó por los suelos en pocos segundos.
Irán se permitió aproximarse con peligro en más ocasiones de ahí al final del encuentro ante el poco control que tuvo España en la última media hora. Hierro sacó a Iniesta para meter a Koke –en teoría, más oxígeno en la medular–, a Asensio por Lucas y a Rodrigo por Costa –un doble hombre por hombre–. Al seleccionador nacional no se le vio ningún recurso para evitar los contraataques y los centros laterales iraníes que acabaron obligando a España a pedir la hora.
Afortunadamente, Irán, con todo lo bulliciosa que fue en la segunda mitad –tanto en ataque aproximándose con peligro como en defensa con entradas duras– no tiró a puerta y se permitió dar la nota con un saque de banda de circo.

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