lunes 18.11.2019

Una noche de San Juan con las playas del Orzán y Riazor imitando las latas de sardinas

A un coruñés en San Juan le da igual que llueva, que truene o que la ciudad se inunde. El coruñés va a las playas, enciende sus hogueras y disfruta de la fiesta grande de la ciudad.

Un hombre salta la hoguera con una criatura a hombros  | javier alborés
Un hombre salta la hoguera con una criatura a hombros | javier alborés

A un coruñés en San Juan le da igual que llueva, que truene o que la ciudad se inunde. El coruñés va a las playas, enciende sus hogueras y disfruta de la fiesta grande de la ciudad. Ayer la noche prometía ser complicada, pero a un coruñés el 23 de junio eso poco le importa. Por eso, pese a la amenaza de mareas vivas dispuestas a inundar los arenales, el Orzán y Riazor volvieron a llenarse con cientos de miles de personas que encienderon el fuego purificador justo a tiempo antes de que el mar todo se lo llevase.


Eso sí, las dichosas mareas vivas, que, en principio, iban a obligar a una evacuación de los arenales a eso de las tres de la madrugada, convirtieron a las playas del Orzán y Riazor en la mejor imitación de las reinas del festejo: las sardinas. Como si estuviesen metidos en latas de conservas del prestigioso y riquísimo pescado, los coruñeses se arrimaron todo lo que pudieron entre ellos y hacia los muros del Paseo Marítimo para huír de la amenaza del agua creciente y la arena menguante.


Con todo, la pleamar no deslució el inicio de la celebración, que se inició con la música de los conciertos de la explanada de Riazor y dio el pistoletazo final a las doce de la noche con la quema de la falla municipal y el espectáculo pirotécnico.

Sardinas y flores
Y si en los últimos años el precio de las sardinas se había disparado bastante, en esta ocasión el mar que se comió las playas quiso devolver un poco de su “daño” y proporcionó una gran cantidad de pescado, que permitió que el kilo tuviese un coste accesible. 


En la plaza de Lugo o en As Conchiñas, por ejemplo, la mayoría de las pescaderías vendieron el preciado producto a siete euros el kilo. Hubo quien lo marcó a cinco o a diez euros pero, nada tuvo que ver con otros años en los que alcanzaron los 18 euros por kilo. 


El responsable del departamento de cancha de la Lonja, Ignacio Iglesias, comentaba que “se descargaron 27 toneladas” y aclaró que en toda la semana hubo más movimiento que “en los últimos tres o cuatro años”. 


Otra tradición que no faltó, sobre todo entre los mayores, fue la de hacerse con un ramo con las hierbas de San Juan. Ya fuese en las floristerías de toda la vida o en los puestos callejeros montados para la ocasión, miles de vecinos compraron este amuleto protector para el nuevo año.

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