jueves 22/10/20

Andrés Neuman | “Leemos o escribimos para vivir más y que la experiencia sea más ancha”

Andrés Neuman recibió la noticia del terremoto de Japón boquiabierto y en París, una ciudad tan bonita como difícil, dice, y en torno al epicentro del seísmo puso a bailar en “Fractura” .

El autor pone a cuatro mujeres a narrar y contar la vida de su protagonista | juan carlos hidalgo
El autor pone a cuatro mujeres a narrar y contar la vida de su protagonista | juan carlos hidalgo

Andrés Neuman recibió la noticia del terremoto de Japón boquiabierto y en París, una ciudad tan bonita como difícil, dice, y en torno al epicentro del seísmo puso a bailar en “Fractura” (Alfaguara) al señor Watanabe y al resto de personajes: “Yo soy todos y ninguno” porque como lector creo que si el alter ego está muy claro, siento que los demás son comparsa”. En este caso, el protagonista no es tan protagonista en realidad, porque son las cuatro mujeres de su vida las que lo moldean al gusto: “Hago algo tan placentero como acompañarlo desde la niñez a la vejez en cuatro historias de amor y esa idea de que formar y disolver parejas va cambiando con el tiempo”.
Es así cómo el amor va de París al otoño, que reboza al sentimiento si llega en la senectud y aunque él no pasa de los 40, “la utilidad más sublime de la literatura es transgredir nuestros límites”. Es el mejor motivo para coger el teclado, porque “leemos o escribimos para vivir más y que la experiencia sea más ancha” cuando la ficción es la realidad más lo onírico que uno va sumando.

De todas estas cosas hablará hoy a las 20.00 horas en la Fundación Seoane dentro del ciclo “Somos o que lemos”, que presentará Javier Pintor. En el acto, Yolanda Castaño compartirá fragmentos del libro de Neuman y el público dialogará de lo que saca a pasear en una publicación de gran formato que muchos deseaban de esta pluma, que pensó en Japón porque le gusta su cultura y porque “se cruzaron muchas geografías a la vez, es el único país habitado que conoció las explosiones atómicas y que basa su economía en la misma fuerza que les destruyó”. Después colocó en la misma órbita a Francia, “la segunda potencia atómica del mundo” y todo en un 11 de marzo, “un día que como ciudadano español es inevitable mirar atrás con duelo y reflexión”.
Neuman cree que ese mismo día comenzó a rodar la novela, que partió de allí para “pasar a lugares más cercanos”. El autor compara su estructura como cuando “una piedra cae al estanque y lo que vemos son las ondas y los círculos concéntricos” para “indagar a través de historias íntimas lo lejano, que al final llega a nuestra cocina”.
El escritor reflexiona desde la proximidad. Habla de “cómo todo lo que hacemos tiene consecuencias que no imaginamos” y de una especie, la humana, que lo propaga todo, lo bueno y lo malo. Es viral y avanza al lado de tres fuerzas irradiadoras, “la energía, la economía y el amor”, que van uniendo tiempo y espacios. Son agujas que hilan la trama porque ya no se trata de “mirar más allá de tu burbuja sino de que mientras Fukushima estallaba, aquí en Garoña había otro idéntica, ¿estás seguro de que aquello está lejos?”. Para cerrar “Fractura, Neuman la baña en el mar que “una vez que se ensucia, todo el mundo queda ensuciado”.

Y porque ya está bien de que las historias de amor las protagonicen jóvenes, bellos y perfectos, Andrés amplía la imagen de bonito e incluye a la cicatriz porque cree que “hay una aristocracia de la imaginación y el 90% de la población no es hermosa ni delgada, pero ama y siente”.
Es como si el photoshop “condicionase la forma de ver e imaginar, como si nos avergonzásemos de nuestro perfil malo y la imperfección fuese un error”. En este libro, las arrugas son lo interesante. El amor, mientras, no se crea ni se destruye. Se transforma. Y Watanabe tiene swing, es un García en Japón, que sin embargo, encierra mucho. Un alma en tránsito, saltando de una orilla a la otra.

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