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Reportaje | Los otros riesgos del Mendo y el Mandeo de Betanzos, más allá de las corrientes y las inundaciones

Los ríos, a los que está semana se miró de manera especial por la meteorología, centran la atención de los vecinos
Balaustrada y petril del puente de O Carregal y el paseo de A Galera

Últimos siete meses antes de Os Caneiros. Treinta y cuatro semanas para que la multitud se ‘eche’ al Mandeo. Entonces, cientos de vecinos acumularán entre sus experiencias decenas de salidas en sus embarcaciones, que cuidan con mimo durante el invierno, en tierra o acercándose cada día hasta los muelles o los malecones donde las amarran, que conocen al detalle por el seguimiento casi continuo que realizan de sus lanchas, ya sea en la ría, en el Mendo o el Mandeo. En semanas como esta, algunos lo hacen con cierta inquietud, para ‘vigilar’ la corriente y, en algún caso, evitar que las lanchas acaben en los ‘xuncais’, o incluso en O Pedrido.


Desde hace años, estos ‘habituales’ advierten del riesgo que entrañan para los peatones algunos tramos de los paseos, desde A Galera a la plaza de Antolín Faraldo pasando por O Carregal. En este último caso, desde 1992.


Desde la Asociación Amigos de los Ríos de Betanzos (ARBE) instan al Gobierno de María Barral a actuar con responsabilidad "y sin dilación tome las medidas de seguridad en sus paseos para evitar caídas, que pueden ser mortales", apuntan antes de recordar que hace casi ocho años "nos ofrecimos a consensuar con los servicios técnicos municipales el diseño de todas estas barandillas", porque en algunas zonas es necesario compatibilizar el acceso a las embarcaciones con la protección a los que caminan por las orillas "pero nunca recibimos la llamada de los arquitectos municipales ni ediles para tener una reunión de trabajo de cómo hacer estas mejoras", explica ARBE.


En su opinión, la seguridad tiene que estar por encima de cualquier otra cuestión y "ni la estética ni burocracia" deben ser excusa para seguir "exponiendo a los viandantes a peligros evitables", a accidentes que, como ocurrió en la Dársena de A Coruña, resultaron mortales y "unas barandillas no perturban el entorno, como llegaron a decir algunos técnicos sobre la discusión de colocar o no" estos elementos en los muelles urbanos de alguna de las grandes ciudades de Galicia.



Tramos

Entre los tramos para los que el colectivo reclama más seguridad están A Galera, donde el petril existente tiene "sólo 50 centímetros de altura, cuando una barandilla segura debe tener por lo menos 90", o el puente de O Carregal, donde los barrotes que conforman la balaustrada están separados unos treinta centímetros, "espacio suficiente para que un niño se cuele y sufra una caída al río", como se alertó días después de su inauguración tras una reforma, en 1992. "En estos 30 años ninguna corporación municipal corrigió esta deficiencia de seguridad", indicaron desde la asociación, desde la que apuntan a que "incluso el BNG presentó iniciativa para mejorar estas barandillas del puente en enero del 2020 después de tomar como propia nuestra queja", matiza ARBE.


2020 05 23 pza ANTOLIN FARALDO



En la misma relación de áreas de riesgo, otro de los tramos que consideran peligrosos es el parque municipal de Pablo Iglesias que, en su confluencia con la avenida de A Coruña "carece de protección anticaídas", lo que supone un riesgo notorio "para invidentes, para niños o cualquier adulto que sufra un despiste o indisposición, que tendría una caída de casi dos m de altura sin ningún elemento arquitectónico que lo impidiese", resume el colectivo, que apela a incorporar algún cambio a la propuesta de mejora impulsada por el Ayuntamiento de Betanzos. 

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