Llegó a su fin. Al juicio por el crimen de Samuel Luiz solo le queda la entrega del objeto de veredicto, que será el lunes, y la espera para conocer el mismo tras la deliberación del jurado popular. La decimonovena sesión duró cinco horas y media, en las que las cinco defensas han expuesto sus argumentos en los informes finales que, como era de esperar, distan mucho de lo expresado por la fiscal en la jornada previa. Negaron que hubiese intención de matar y, sobre todo, que se trate de una “manada”.
Los momentos más tensos se vivieron en los minutos finales. Los cinco acusados hicieron uso de su última palabra para dirigirse al jurado popular. Se podía percibir que todos ellos dieron rienda suelta a las emociones acumuladas durante las diecinueve jornadas. El miedo, nerviosismo y arrepentimiento marcaron su actitud en su último intento de convencer al jurado para no pasar, de media, los próximos veinte años en la cárcel. Alejandro Freire ‘Yumba’ se limitó a pedir “perdón” y a recalcar su “arrepentimiento”. “Simplemente esto”, dijo. Fue el más conciso. Por el contrario, Alejandro Míguez, sereno, insistió en su inocencia: “Sinceramente, creo que no me van a creer. Siento profundamente lo que le pasó a Samuel aquella noche y el infierno que está viviendo su familia y sus más allegados. Solo les pido que hagan justicia, soy completamente inocente de esto que se me acusa”.
Kaio Amaral rompió a llorar. Se giró para mirar a sus padres, presentes en la sala. “Ayer dijeron aquí que éramos una manada, pero no es así. Salí de trabajar con ganas de pasarlo bien un rato con mis amigos y todo acabó muy mal. Pero yo no pegué a Samuel en ningún momento. A mí lo que opine de mí toda España me da igual, me importa lo que piensen mi madre y mi padre”, señaló.
Katy Silva, visiblemente rota y nerviosa, temblando, aseguró: “Yo no hice nada malo, solo intenté parar a mi novio y no lo conseguí. No pude hacer nada más y no tengo más que decir. Ya se ha visto todo y no puedo hacer nada más, lo siento”. Por último, el principal acusado, Diego Montaña, se limitó a mostrar su arrepentimiento una vez más. “Quería volver a decir que estoy muy arrepentido y vuelvo a pedir disculpas a sus padres. Si hoy pudiera darle mi vida a Samuel para que él estuviera aquí, yo se la daba sin pensar”, admitió.
Las cinco defensas intentaron convencer al jurado de que sus clientes son inocentes o, por lo menos, de que no son unos asesinos. Trataron de desmentir la tesis de las acusaciones, que definen lo ocurrido como una “cacería” llevada a cabo por una “manada”. David Freire, que representa a Alejandro Freire ‘Yumba’, expuso lo que para él es un “análisis racional y objetivo de las pruebas”. Este jueves solicitó que Freire fuese juzgado por homicidio imprudente. La Fiscalía pide para él 22 años de prisión por asesinato con alevosía y ensañamiento. “Les han vendido una suerte de venganza contra el acusado. A diferencia de las acusaciones, que apelan a las emociones, yo apelo a su inteligencia”, señaló el letrado. Freire explicó, en referencia a lo expresado por la fiscal, Olga Serrano, que “ayer se habló de intención de matar, y ningún testigo hace referencia a golpes. ¿Cómo podemos percibir esa reiteración si la contundencia y el número es indeterminado?”. Limitó la actuación de Yumba a un agarrón por el cuello de “cinco segundos” en el momento inicial y durante un “forcejeo”, por lo que, afirmó: “No se puede ahogar en cinco segundos”. En la misma línea, añadió que la lesión de la víctima “está en la zona cervical, no en la garganta”. “Un mataleón mal ejecutado, no es un mataleón”.
Manuel Ferreiro, abogado de Alejandro Míguez, reconoció estar “harto” después de un mes de juicio y que “es indecente que este tipo esté aquí sentado”. “Quiero creer que aquí puede haber justicia. El ojo por ojo y diente por diente está apartado desde hace años. No hay ni una prueba de que mi defendido haya hecho algo; ni golpear, ni intentar evitar que se auxiliase. No es delito llamar o que te llamen, tampoco sentarte en un banco a cantar una canción. Estoy harto de decirlo, crean las opiniones de fuera en lugar del vídeo, de verdad, estoy harto, estoy agotado”. Ante la “falta total de prueba”, reconoció, “yo habría retirado la acusación”, sostuvo, en referencia a la Fiscalía. Desechó el término “manada” que utiliza la fiscal: “Esto no es una manada aunque está emocionalmente bien traído”. Recordó que ningún testigo señaló a su acusado, por lo que expuso que “una cosa es no tener empatía, ser un cobarde, y otra cosa es participar de una muerte”. Para finalizar su alegato, instó al jurado a centrarse en las imágenes: “Una persona se puede confundir o mentir, un vídeo no. La verdad está en el vídeo y corrobora lo que él dice”. Alegó que abrió su calificación de los hechos a un supuesto delito de lesiones, si no obtiene la absolución total, porque tiene la sensación de que “haga lo que haga y diga lo que diga, está condenado”.
José Ramón Sierra defiende a Kaio Amaral. Se mostró, al inicio de su discurso, tajante: “El Ministerio Fiscal no va a poder demostrar nunca que Kaio dio una patada”. Criticó, además, la falta de transparencia del proceso. “No se está jugando limpio. Ustedes tienen que limitarse a lo que han visto; estos chavales no son una manada, ni una jauría, ni nazis que matan a judíos”. Amaral, en su declaración, reconoció que en varias ocasiones había robado objetos para, luego, venderlos. “Con todo mi respeto, Kaio es un chorizo, tonto, pero sincero. Se autoincrimina contando lo del teléfono”, dijo Sierra. Para Amaral, además de delito de asesinato con alevosía y ensañamiento, la Fiscalía pide robo con violencia, una pena que asciende hasta los 27 años. “A mi cliente lo han juzgado por aparecer en un videoclip con la cara tapada. No creo que la memoria de Samuel se merezca esto. Le pregunté varias veces a Kaio a lo largo de estos años si pegó o intentó pegar una patada y siempre lo ha negado”, comentó Sierra. El letrado, que se juega todo “a una carta” –se abre solo a una pena de apropiación indebida del teléfono móvil–, prosiguió afirmando que “Kaio ha contado la verdad e incluso cosas que ni su familia ni yo sabíamos, como lo de que es un chorizo”. Acusó a la Fiscalía de no jugar “limpio” porque añadió en su escrito que los acusados participaron “golpeando y/o impidiendo la defensa y/o impidiendo la huida”, lo que ve demasiado genérico como para llegar a una condena por asesinato. Calificó lo sucedido como “un conjunto de golpes en una brutal agresión colectiva”, y finalizó: “Hoy la justicia está en ustedes; hagan justicia, por favor”.
Luciano Prado, el abogado defensor de Katy Silva, considera que “aquí ni están todos los que son ni son todos los que están; igual que no hay veinte golpes que acaben con la vida de un chico”. En su opinión, “nunca he visto a una chica que sea la jefa de la manada. Siempre se ve a la chica disgustada, llorando o aguantándole la chaqueta al novio”. El letrado anunció que dirigirá una acción penal contra Lina, la amiga de Samuel, por falso testimonio. “En el vídeo se ve que Catherine empuja a un chico para que no entre en la agresión, hasta dos veces lo hace. En el juicio, Lina dijo que Catherine le llamó a Samuel ‘maricón de mierda’, y eso nunca lo había dicho antes y además no es verdad porque ningún testigo escuchó eso”. Prado sostuvo que sentar a Silva en el banquillo de los acusados “tiene el mismo sentido que sentar a todos los testigos que pasaron por aquí, porque ninguno ayudó a Samuel”. Sobre la agravante de discriminación por condición sexual que consta para su defendida, no entiende “por qué estamos llevando este juicio al folclore de la homosexualidad. El grupo de amigos de mi representada, el de verdad, está formado por homosexuales y transexuales. Dudo que tenga tintes homófobos”. Todo ello para concluir que “tenía la esperanza de que se retirara la acusación, eso hubiese sido lo más digno”: “Apelo al sentido común y a sus experiencias vitales, porque seguramente hayan visto situaciones similares, aunque no acabaran en muerte”. La Fiscalía pide 25 años para la acusada o, al introducir una nueva calificación subsidiaria, en este caso como cómplices del delito de asesinato, 14 años y 6 meses. Prado solicita la libre absolución. Cree que “una chica de 50 kilos y 1,50” no pudo hacer más para “parar” lo ocurrido, pues ella mantiene que intentó frenar a su entonces novio y principal acusado, Diego Montaña.
El abogado de Diego Montaña, Luis Salgado, explicó ayer que si cualquiera de los miembros del grupo que acabó con la vida de Samuel Luiz “se llega a imaginar que iba a morir, se cagan por los pantalones y ni Dios toca a Samuel”. El procesado se enfrenta a 25 años de cárcel por asesinato con homofobia, pero su defensa lo considera autor de un homicidio por imprudencia grave en concurso con lesiones o un homicidio, con penas de 3 o 10 años al agregar la atenuante de consumo de alcohol. Según Salgado, su defendido solo golpeó a Luiz al inicio de la agresión y luego lo siguió “sin tener contacto ninguno”. “No sé si lo perseguía porque quería pegarle o arrancarle la cabeza, pero esto es lo que hizo Diego, y cuando pasó por al lado de Samuel, estaba en el suelo. No podemos caer en el simplismo de decir que como Diego golpea a Samuel y Samuel muere por una sucesión de golpes, Diego mató a Samuel y, además, lo hizo de manera alevosa y con agravante de discriminación”, apuntó. Solicitó que sea considerado “espectador” de lo ocurrido, pues como “perseguidor” entiende que es lo mismo, y se huya del “como iniciaste esto, tú te lo comes”. “Se nos dice que todos pegan de principio a fin durante tres minutos y no es verdad”, añadió. Sobre el ADN de Diego Montaña en la cara de Samuel, apuntó a que su origen podría ser un forcejeo y no golpes, y descartó la “intención de matar”. “¿Creen que estos niñatos de veinte años querían matar a Samuel y lo golpearon hasta matarlo y no se detuvieron hasta que lo vieron muerto?”. Negó el hecho de que la víctima no tuviese posibilidad de defensa al sostener que sí la tuvo, al auxiliarlo los senegaleses.