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A Coruña

CHUAC | Medio siglo de todo corazón

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Todo álbum de recuerdos lo compone un collage de personas y sentimientos, del que no escapan las bodas de oro del Chuac. Si por cada ciudadano del área sanitaria de A Coruña y Cee hay algún momento de su vida que le remite al emplazamiento en el que se ha alzado el complejo desde 1972, ese sentir es en muchos casos recíproco para aquellos que han forjado los cimientos, levantan el presente y están llamados a construir el futuro. Y es que, a pesar de que en ocasiones se disfrazan de ángeles de la guarda, los héroes sin capa pero con bata riegan su conocimiento con un corazón sin el cual este medio siglo hubiese sido imposible..

La sensación de haber visto crecer a un gigante al que vieron dar los primeros pasos aún emociona a los   más veteranos

Un hospital como concepto lo es desde que se abren las puertas para dar solución a una necesidad. Entre 1972 y el año 2015 en el que se jubiló Rosa Zas le dio sentido a una administración que empezó con muchos de sus coetáneos. Sindicalista, primera mujer presidenta de la junta de personal y en la oficina de recursos humanos, no puede evitar echar la vista lo más lejos posible. “Cuando abrimos, éramos un hospital con una media de edad muy joven, todos éramos profesionales de lo nuestro, pero aprendimos a montar un hospital”, recuerda. “Ahora viajo mucho, y aún me dicen por ahí lo buen hospital que es, siempre resultó una referencia para la ciudad”, añade. Las conquistas de las que más se enorgullece, afirma, pasan por el nivel de la cocina, las mejoras en los turnos y, sobre todo, la fuerte democracia interna. “Para la gente antigua el Chuac lo es todo, nuestra casa”, confiesa

En el engranaje y muchas veces el aceite necesario para constatar que el motor está engrasado tiene mucha culpa Manuel Mosquera. A sus 62 años, y tras unirse a la familia en 1992, representa el primer puente entre pasado, presente y futuro desde su puesto de celador. Sin embargo, y después de tres décadas, la pandemia aún pesa en su bagaje. “Dejó un poco de rastro común para todos, fue el peor trago para mí y para todos los que estamos aquí”, lamenta. Con la jubilación a dos años y medio vista y el nuevo Chuac en un horizonte semejante, tira de retranca para hacer planes. “Lo pisaré cuando venga de enfermo”, bromea.

Un año después que Manuel, en 1993, se incorporó José Cuenca, que a sus 60 años puede presumir de ser cirujano cardiaco en una de las instituciones punteras en todo lo que tiene que ver con  el latir del corazón. Albaceteño de nacimiento, él mejor que nadie sabe diferenciar las dos etimologías de la palabra para referirse a la institución. “Podemos decir que somos un referente nacional”, reconoce. “El hospital ha cambiado muchísimo, es la noche y el día, pero no sabría ponerle un calificativo. Es como cerrar los ojos y trasladarse a algo diferente en cualquier sentido, tanto en la parte humana como en la profesional”, prosigue. Sus dos hijas coruñesas han seguido la tradición familiar y se mueve como pez en el agua incluso a la hora de tratar con la retranca gallega. “La adaptación fue fantástica, he tenido oportunidad de marcharme a otras zonas y no me convencieron”, advierte. En el horizonte, un deseo entre su faceta de ciudadano y la de doctor: “Me gustaría por lo menos conocer el nuevo Chuac”.

María del Mar Tomás trató de hacernos entender desde su experiencia una pandemia que era desconocida para todos nosotros

A María del Mar Tomás Carmona, microbióloga e investigadora en el Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña, la pandemia la situó en primera línea de exposición pública. Suya fue la labor de hacernos entender lo que casi nadie alcanzaba a conocer, y de lanzar mensajes que no solamente nos hicieran la vida mejor, sino que nos la salvasen. “Tuve cinco entrevistas al día para explicar cómo evolucionaba todo. Las publicaciones era algo paralelo a mi trabajo y hubo mucha sinergia”, asevera esta granadina que se unió a la familia en 2001. Literalmente. “Mi hermana era profesora en la Universidad de Santiago y ya me hablaba del Chuac como un referente, al hospital le precedía la fama”, sostiene la doctora.

El legado de Rosa, Manuel, José y María del Mar tiene en jóvenes como la lucense Marta Blanco la mejor garantía de futuro. Residente de Nefrología, su primera lección le ha quedado marcada a fuego como seña de identidad del día a día en el Chuac. “Mis sensaciones son que lo más enriquecedor es la relación con el paciente, el agradecimiento. Eso es lo mejor de nuestra profesión”, dice con seguridad, pero sin olvidar los retos de futuro a sus 28 años. “El nuevo Chuac hace mucha falta”, puntualiza. “Mis desafíos pasan por evitar la progresión de la enfermedad renal y no tener que llegar a diálisis”, finaliza.

Con una historia de puntos y seguidos, nunca aparte, los lazos humanos que han permitido que a sus 50 años el Chuac luzca como nunca avalan que, por lo menos, el siglo de vida será garante de buena salud para todos los coruñeses.

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