La creación de un cuerpo de bomberos se convierte en toda una necesidad

La plaza del Humor, antes de las reformas que se están llevando a cabo actualmente

Hasta este preciso momento nada o casi nada había cambiado, pese a las adversidades e intentos de mejorar el servicio contra incendios. Todo seguía igual, de modo que el Ayuntamiento, en 20 de abril de 1804, da cuenta del incendio producido en el Teatro de Comedias, más conocido como El Coliseo de la ciudad, situado junto a la muralla que cerraba el campo de San Agustín, lo que hoy es la plaza del Humor, en cuyo solar se levantó el primer teatro estable de la ciudad por iniciativa del empresario teatral italiano Nicolás Settaro en 1767. Enfrente del mismo se hallaba la Casa de la Provisión con su patio, donde hoy alberga la sede de la Recaudación Municipal.

 

Se pronuncia el alcalde 

“Con motivo del incendio ocurrido en el Teatro, en la madrugada del día 29 de marzo y para remediar la desgracia que sobrevenía al actor Bartolomé Alegre, por falta de lugar en donde representar con su Compañía y evitar que dichos individuos se diesen a la vagancia, se determina proporcionar un sitio entre Murallas para hacer un Coliseo provisional, franqueando todos los demás auxilios que dependiesen de su arbitrio. Lo cual también adoptó la ciudad y la junta de dirección del teatro, nombrando comisionados para tratar con dicho señor”.
 

Todos los señores habían arreglado varios medios y arbitrios para suplir la construcción. El hospital de la Caridad había dado 10.000 reales en calidad de reintegro. Todo lo cual hace presente a la Junta, para que se sirviese ordenar librar de sus gastos eventuales la cantidad que tuviese por conveniente, como lo esperaba de su celo, para evitar los perjuicios que resultaban al público de la falta de representación teatral.
 

La Junta, instruida de la exposición del señor Presidente y deseando por su parte contribuir a la verificación de tan útil pensamiento, así como para proporcionar al público  diversión cómica y para privarle por este medio de las distracciones que padece: Acordó entregar a Bartolomé Alegre 8.000 reales, de gastos eventuales, los cuales reintegrará a la Junta y a su tesorero semanalmente, a razón de 35 reales diarios, desde el instante en que den principio las representaciones hasta su conclusión. Si no puede acabar de reintegrar el adelanto provisional, lo haga en el que construya nuevamente la ciudad y a cuyo fin le pase oficio al contador, para que sin dilación forme la libranza que corresponde..
 

Inspección

El 30 de julio de dicho año, la misma Junta acuerda que el arquitecto Fernando Domínguez, reconozca las paredes del Coliseo incendiado y disponga lo conveniente a su seguridad, a fin de evitar todo perjuicio al público, dando cuenta al Comisario de mes, para que con su orden dé inicio a los trabajos y el contador firme los libramientos contra el caudal de propios.
 

En esa misma fecha, Francisco Vaamonde, portero de la Real Junta de Policía, hace saber al empresario de Comedias, Bartolomé Alegre, que desde el día 30 inclusive, del presente mes de julio. Ha de entregar semanalmente al tesorero de Propios y Arbitrios 245 reales.. 
 

Será hasta reintegrar los 8.000 reales que se le anticiparon y recibió para la ayuda de construir el teatro provisional, donde representan su Compañía, cuidando dicho portero de que así se verificase y dando cuenta al Interventor de lo contrario, para hacerlo presente a la Junta y que esta que tome las providencias que correspondan.

 

Pese a este aparatoso suceso nada se hizo al respecto, debido a que las urgencias eran muchas y el caudal muy escaso para dedicarlo a tan importante empresa, cuando en medio había mucha necesidad de todo tipo.

 

De modo que el fuego era algo con lo que se tenía que convivir y acudir a su extinción como se pudiese y con los medios que hubiese. Solo se dependía del azar que la zozobra no fuese una tragedia, tendrían por tanto que pasar algunos años hasta que por fin se plantease someramente la formación de un servicio de contra incendios, al igual que había sucedido años atrás, para ello habría que esperar hasta 1818 en que se aborda este espinoso asunto por parte de la municipalidad.

 

Servicio contra incendios

No era la primera vez que se hablaba de instaurar un servicio eficaz de lucha contra el fuego y tampoco será el último. En el año señalado, el Ayuntamiento, ve la necesidad de tener un servicio de bomberos, al igual que acontecía en otras relevantes ciudades, a fin de atajar los siniestros que a menudo se producían en la población.

 

En sesión plenaria del 6 de junio de dicho año, se aprueba por todos los concurrentes, la desgracia acontecida el día anterior, con motivo del incendio acaecido en el Campo de la Leña. Al notarse en falta la bomba para apagarlo, se acuerda hacer presente al intendente, la necesidad de poner los medios, dando cuenta al Real y Supremo Consejo, para su aprobación, evitando en lo sucesivo que vuelva a ocurrir. Posteriormente en la sesión del 18 de agosto, el pleno da cuenta de un oficio del intendete general del Reino, relativo a las dos bombas nuevas de incendios que se están hacer y que se recompusiese la vieja.

 

El 6 de agosto de 1823 durante el sitio mantenido sobre la ciudad por las tropas francesas, se habla de poner en marcha un servicio de bomberos, naciendo este cuerpo el 11 de marzo de 1836.

La creación de un cuerpo de bomberos se convierte en toda una necesidad

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