Alberto Armas, un Wes Craven coruñés hecho a sí mismo

Alberto Armas, un Wes Craven coruñés hecho a sí mismo
Alberto Armas, sexto por la izquierda, durante el primer pase de la película en los cines Axión de Córdoba

Asumido que cada espectador de un partido de fútbol lleva un seleccionador dentro, si la ecuación se hace extensible a la salas de cine tendríamos, aunque cada vez menos, un Spielberg en potencia en cada pase. Sin embargo, el proceso entre el disfrute en la sala de los sueños y el convertirse en autor lo ha vivido, y sufrido, en sus carnes Alberto Armas Díaz (A Coruña, 1983).


Que acabe de estrenar en el circuito nacional con un work in progress en Córdoba, o que su hijo creativo ‘Slasher vaya a pasearse por festivales como B-Retina o Molins es solamente el happy end de una historia en la que lo que de verdad importa viene mucho antes. Su licenciatura en Derecho y su trabajo en contra de la violencia de género languidecen en curriculum con el niño que creció en una sala de cine, tanto con su padre como con sus amigos, y que el sitio donde ha sido más feliz en su vida se mide en milímetros y minutos. En el 2017, y tras haber tenido un notable éxito con varios cortometrajes premiados, decidió eso de “quiero hacer una película”. Autodidacta y determinado, en 2017 comenzó a escribir lo que ahora es ‘Slasher’ en la gran pantalla. “No estábamos preparados para hacerla, meterse en una película es algo bastante gordo”, reconoce.


Slasher hace referencia a las películas en las que un asesino en serie porta una máscara reconocible. Es el género en el que ‘Scream’, ‘Viernes 13’ o ‘Halloween’ son referenciales, y precisamente esa máscara de Wes Craven o John Carpenter es la que se puso a sí mismo Armas para darse un autohomenaje de juventud. “La película nos escogió a nosotros, es de esas ideas que no esperas que aparezcan, pero nos zampamos mucho Carpenter, Craven... y todo lo moderno”, explica el coruñés, que rompe una lanza en un género cuya primera regla, que dirían en Scream los futuros asesinados, es no tomarse en serio a sí misma. “El que diga que no valen para nada es que tiene una vida muy aburrida, son muy divertidas”, advierte. En este caso, la historia apunta a un joven que, al cumplir los 18 años, hereda una máscara roja como la que utilizaba su padre para cometer los crímenes. Una tradición familiar asesina que va pasando de padres a hijos.

 

Un joven hereda una máscara con la que seguir una sádica tradición familiar es la historia que llegará a B-Retina o Molins

 


Del género en sí nace el doble reto de hace sufrir y hacer reir. Y en el primer pase se metió al público exactamente donde quería. “Nos basamos en el malo para que el público empatice”, subraya sobre su Michael Myers o Jason Voorhees. Habla en plural porque el equipo que le acompañó al sofocante calor de verano en la sierra cordobesa llega a las cuarenta personas.


Ni siquiera la mejor idea del mundo logra captar la atención, y sino que se lo digan a Mike Smith, famoso por descartar a los Beatles en su día. Así, Alberto Armas tuvo que pedir puerta por puerta, desde instituciones a capital tan pequeño y privado como su círculo de amigos, para poder hacer realidad un sueño. La producción de Cinema Wings SL deja en anécdota las negativas que hicieron que se tambalease. “El único apoyo que encontramos de instituciones fue el de los pueblos donde rodamos”, confiesa.


Tras meses de preproducción, 26 días de rodaje y postproducción, la película está ya en el circuito nacional, a la espera solo del gran jurado. “Me encantan las críticas. DIrijo como espectador”, advierte. Ahora, para que se cierre el círculo, solo falta que el estreno llegue a Los Rosales, el cine de al lado de su casa donde cada viernes soñó con leer su nombre en los créditos. 

Alberto Armas, un Wes Craven coruñés hecho a sí mismo

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