Más de 40 personas malviven en las calles coruñesas, una cifra enquistada

Los refugios de cartón son una visión habitual en las calles comerciales del centro de la ciudad, frente a los locales cerrados | javier alborés

Con el verano se incrementan los desplazamientos, aunque no todos los viajes son de placer. Los individuos en riesgo de exclusión social también aprovechan la subida de la temperatura para desplazarse en busca de una oportunidad para mejorar su situación y uno de los destinos preferentes es A Coruña, una ciudad con un clima suave y una buena red de asistencia social formada por instituciones emblemáticas como el Refugio de Padre Rubinos o la Cocina Económica. El buen tiempo, además permite dormir en la calle, una opción que sigue casi el 10% de las personas que buscan asistencia social en la Cocina Económica cada año, algo más de 40 personas.

Junio, de hecho, es uno de los meses en los que más ayudas se tramitan, junto con noviembre y diciembre. El año pasado, fueron 70. Solo una parte menor de los que acuden a la ciudad tienen que dormir en la calle. Algunos, incluso, tienen medios, como un subsidio social que les permite cubrir sus necesidades básicas, pero no han salido de la situación de precariedad y en la costa, durante le verano, la hostelería ofrece mucho trabajo, así como la logística y la construcción.

“A Coruña es una ciudad marcada en el mapa como una relación con estos perfiles, una ciudad atractiva, y todavía hay capacidad de atención, un poco tensionada, pero está allí”, señala Pablo Sánchez, trabajador social de la Cocina Económica que reconoce que el dato de cerca de 40 personas en la calle (que otras entidades que se ocupan de asistir a este colectivo elevan a casi cincuenta) es un dato fiable, pero no del todo exacto, puesto que no todos piden ayuda en su entidad.

En todo caso, la importante red social de A Coruña, que atrae a personas en riesgo de exclusión social de otros puntos de la Península, no consigue rebajar desde hace años ese número de 40 (o 50) individuos que duermen en la vía pública, en precarios refugios de cartón como los que se pueden ver en San Andrés o la calle Real.



Nuevas solicitudes


Sánchez admite este hecho, pero asegura que los sintecho sí que salen de esa situación, pero siempre acuden nuevos usuarios en busca de ayuda. “Le consigues acceso a prestación económica y alojamiento, alquilar una habitación, y el siguiente paso, que es el empleo, pero también hay característica personales”. Muchos de los sujetos en riesgo de exclusión social sufren de algún problema de salud, a menudo mental, que hace el progreso un reto.

Además, el trabajador social señala que al aislarse de la gente, empieza a sufrir un deterioro: “La pérdida de capacidades es evidente. A esta gente hay que motivarla muy mucho aunque solo sea para realizar simple trámite. La percepción del ‘no’, del rechazo, está allí. 

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