Ya son más de 350 los refugiados instalados en A Coruña y su área

La plaza de María Pita acogió ayer una nueva concentración contra la guerra | javier alborés

La plaza de María Pita acogió ayer una nueva concentración en contra de la guerra en Ucrania. Lo habitual es que se celebre a las doce del mediodía, pero en esta ocasión, las festividades propias de la Semana Santa obligaron a retrasar el acto hasta la una. Como viene siendo habitual, el azul y e amarillo de la bandera ucraniana destacaron frente al palacio municipal. La asociación AGA Ucraína, que organizaba el acto, calcula que a día de hoy el área metropolitana coruñesa ha acogido a más de 350 refugiados, aunque están seguros de que existen “muchos más” que desconocen. Sin embargo, la respuesta de la sociedad civil es tan grande que todavía tienen pisos disponibles.


Pedro Madarro, miembro de la asociación, y casado con una ucraniana, explica que en toda Galicia están registrados 1.400 refugiados ucranianos que han llegado desde el 24 de febrero. “La mayor parte de los que llegan aquí, a Galicia, como estamos tan lejos, a 4.000 kilómetros, lo hacen porque o bien tienen afines aquí (familia, amigos, conocidos) o bien porque vienen de zonas demasiado destruidas, donde han perdido todo: está llegando mucha gente de Bucha, de Mariupol...”, enumera.


Para esta gente, a la que ya no le queda nada, no le importa desplazarse más lejos porque sabe que no volverá en mucho tiempo. Sin embargo, aquellos que aún confían en recuperar sus vidas, se que cerca de la frontera, “que ha escapado por miedo, que tiene bebés, se queda en Moldavia, Polonia, o Rumanía. Madarro explica que, en el fondo, todos los ucranianos esperan poder volver a su patria, pero que los que llegan a Galicia “saben que no van a volver en un mes”.


Sorprendidos por la acogida

“La aclimatación en Galicia es muy difícil. Hay que entender la situación en la que vienen: una huida forzada y no planificada, completamente en pánico, con traumas, dejan en muchos casos a sus maridos, a sus padres, a sus abuelos. Es un shock emocional brutal. Y llegan sorprendidos por la acogida que les dispensamos. No entienden por qué les ayudamos”, comenta Madarro.


Pero a los tres o cuatro días, “en lo que piensan es en volver. Se preguntan ¿Por qué esta gente me tiene que ayudar? Y dos o tres semanas después, los ves más cómodos, resignados, y poco a poco van pensando en trabajar y a enviar a sus hijos al colegio o a guarderías” dice Madarro. Es un proceso muy duro y unos lo asumen peor y otros mejor.

Ya son más de 350 los refugiados instalados en A Coruña y su área

Te puede interesar