Edar Bens: El agua que no se puede beber ni dejar correr

El agua depurada de Edar Bens, en el salto que la lleva hacia al océano | quintana
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Hace solo una década, el viaje que hace un bastoncito o una colilla cada vez que los tirábamos por el retrete era mucho más corto que el actual, y mucho menos interesante. Simplemente, aparecían flotando en la costa de Bens, en medio de una enorme mancha marrón, una sopa infecta formada por todos los residuos de A Coruña y su área metropolitana. Pero eso acabó hace justo diez años, cuando se inauguró la depuradora Edar Bens.


Fue un proyecto muy caro, costó 130 millones de euros. En parte, porque hubo que volar con dinamita la costa rocosa para hacer sitio a las instalaciones. La falta de espacio motivó que no se pudieran instalar los tanques circulares que son típicos en las depuradoras, sino depósitos alargados, que permitían aprovechar el espacio aunque su mantenimiento es más complicado.


Sin embargo, a día de hoy, por Edar Bens pasan diariamente 135 millones de litros de aguas al día,. Cada vez que se tira de la cadena del retrete, el agua viaja por la red de alcantarillado hasta ese rincón apartado de Bens. Cinco horas después, entran en el primer depósito, y entre diez y doce horas después, tras pasar por numerosos filtros que van eliminado toda la materia en suspensión hasta la más pequeña brizna de material orgánico, y tanques llenos de bacterias floculantes que eliminan restos invisibles al ojo y permiten retirarlas, son expulsados finalmente al mar a través de un salto de agua. Mantener las máquinas funcionando cuesta 1,5 millones de euros al año solo en electricidad.


Pero en estos años, sobre todo a partir de 2013, cuando llegó a su pleno funcionamiento, Edar Bens no ha dejado de crecer. Ahora fabrica también biometano con los desperdicios. Desde 2017 trabaja con EnergyLab y Naturgy para proporcionar combustible para un autobús y ya existe un nuevo proyecto para instalar una generador hidráulico en el salto de agua, en un esfuerzo por hacer la planta aún más sostenible.

Edar Bens: El agua que no se puede beber ni dejar correr