Sánchez: salvar la cena de Nochebuena, al menos

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La urgencia del anuncio de que Pedro Sánchez iba a irrumpir en la mañana de este domingo con un mensaje, improvisadamente lanzado desde Barcelona a la nación ajetreada en preparar los festejos que vienen, levantó todo tipo de alarmas y suspicacias. Porque un rebrote de la pandemia, cuya virulencia nadie se acaba de explicar cuando todo lo fiábamos a las vacunaciones y no a las cautelas, era lo que todos queríamos excluir en la previsión de la ‘normalidad’ de nuestras vidas, sobre todo en estas fechas. Pero el presidente, en su mensaje sin preguntas, como viene siendo excesivamente habitual, apenas habló de otra cosa que de las vacunas: aplazó el anuncio de medidas preventivas hasta la conferencia de presidentes autonómicos convocada de urgencia, telemáticamente, para el miércoles en el Senado. ¿Para qué nos estaba preparando con esta comparecencia dominical, en la que aparecía visiblemente nervioso, sin mirar a la cámara y subrayando el ‘alto riesgo’ que supone el alza en los contagios? ¿Qué se decidirá este miércoles, víspera de la Nochebuena, en el cónclave de los ‘barones’ regionales?


Entramos, con el mensaje de Sánchez, en la semana festiva, familiar, entrañable por antonomasia. Pero lo hacemos con tantas aprensiones que muchos aún ni sabemos con cuántos cenaremos en Nochebuena o si lo habremos de hacer casi con mascarilla a la hora de brindar con cava. Entonces, con inquietudes renovadas, surgen las preguntas. ¿Qué acordarán los presidentes autonómicos? ¿Más medidas restrictivas, como están haciendo en media Europa? Parece que, de momento, las resistencias a aplicar medidas ‘duras’ van ganando la batalla. Lo veremos.


Y, por cierto, sospecho que el mensaje del Rey el día 24, que este año, por tantas razones, despierta las mayores expectativas, también contendrá elementos invitando a los españoles a la prudencia sanitaria... además, claro, de otros contenidos, en los que forzosamente, creo, algo habrá de referirse a la situación de su padre, que es tema que no puede obviar y que sigue, tenaz, en las páginas impares de los periódicos. Menuda Nochebuena.


Así que, del Rey abajo, todos andamos inquietos ante la noche de paz, noche de amor, que nos aguarda. La consigna parece ser salvar la Nochebuena, cueste lo que cueste. Los tests de antígenos casi se han agotado en las farmacias, para lo que valga como indicio: la gente los ha comprado en paquetes de diez, y ahora se invita al huésped a hacerse una prueba a domicilio como antes se le invitaba a un trozo de turrón.


Tanto han cambiado las cosas. Y Pedro Sánchez tiene que ser el primero en percibirlo, en darse cuenta de que no se puede actuar ya igual que hasta ahora para combatir ni los viejos ni los nuevos problemas. No me parece mal, conste, su irrupción en las pantallas en la mañana de este domingo, antes de clausurar el congreso de los socialistas catalanes. Al menos parece que hay una cierta planificación antes de la súbita conferencia de presidentes autonómicos, que habrán de mostrar su implicación en las soluciones acordando unas actuaciones razonables, que permitan un cierto disfrute de las fiestas, pero dentro de una cautela que, hay que decirlo, a veces no se percibe en nuestras despreocupadas calles, tan iluminadas mientras la luz sube de vértigo.

Sánchez: salvar la cena de Nochebuena, al menos