El profeta Pedro Sánchez

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Estamos como estamos y eso no se puede negar, es una evidencia. Dicen que lo que es medible no es opinable y este axioma es difícilmente discutible. La página oficial de Moncloa recogía el 24 de febrero de 2021 unas declaraciones del presidente que eran todo un placebo para la sociedad española, pero los placebos en farmacología solo sirven para aplacar las ansias de algunos enfermos que no sufriendo una patología definida necesitan algo que les tranquilice. Sin embargo, cuando uno está enfermo de verdad necesita un tratamiento que pueda eliminar la dolencia real. Sánchez anunciaba ese día con grandes titulares: “2021 será el año del fin de la emergencia sanitaria y el comienzo de la recuperación”. En aquel entonces la incidencia acumulada en España rondaba los 236 casos por cada cien mil habitantes hoy la incidencia se acerca a los 500 casos en España y en muchas comunidades los duplica o triplica. No solo no ha sido el año del fin de la emergencia sanitaria sino que la aparición de nuevas variantes del virus están causando estragos en forma de crecimiento exponencial de contagios. Aún hoy desconocemos el número real de víctimas mortales en nuestro país y el número crece cada día. Hablaba también del compromiso de todos para evitar una cuarta ola y vamos por la sexta: “hemos de conseguir una incidencia inferior a 25 casos por cada 100000 habitantes” y, visto lo visto, el presidente no ha conseguido su objetivo ni de lejos. 


Ya crecido en sus declaraciones, el presidente afirmaba con contundencia:” si 2020 fue el año de la pandemia, 2021 será el año del fin de la pesadilla sanitaria”. Garantizaba Sánchez, por entonces, que el objetivo era vacunar a un 70% de la población para obtener la inmunidad de rebaño y así poder vivir tranquilos. Estamos cerca de un noventa por ciento y lo dicho, estamos como estamos. Claro que lo que más preocupa de aquellas declaraciones es su afirmación final:” comprendo que en medio de la niebla espesa de esta crisis resulte difícil atisbar el final, pero la salida está cerca”. Esta afirmación esperanzadora ha hecho aguas a no ser que por “cerca”, el presidente tenga otra interpretación que no compartimos la inmensa mayoría de los españoles. Pero el tiempo pasa y los placebos ya no hacen efecto, en estos casi dos años se nos han dicho muy pocas verdades y se nos ha tratado como a niños a los que se pretendía contentar con caramelos que nada más desenvolverlos se topaban con la cruda realidad. El gobierno, superado por esta crisis y sin más soluciones que placebos cortoplacistas nos ocupa ahora con “huelgas de juguetes”, visitas papales incongruentes o anuncios sobre el recibo de la luz que solo se podrán cumplir si el gobierno nos mete dinero en el bolsillo porque el precio de la energía está más disparado que nunca y lo que viene. Resulta curioso que los sindicatos domesticados con subvenciones gubernamentales, limiten sus protestas a manifestaciones ante la sede de la CEOE mientras la inflación se dispara para castigar el bolsillo de los trabajadores o la pobreza energética afecta a más del 30% de los ciudadanos. La paz social está en peligro, pero no por los sindicatos, sino porque la ciudadanía no aguanta más profecías bondadosas de un mal profeta.

El profeta Pedro Sánchez