Los científicos ven "signos positivos" de que el final de la erupción de La Palma está más cerca

Efectivos de la UME y de Emergencias vigilan el volcán/EP
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Los científicos que monitorizan el volcán de La Palma aprecian "signos positivos" que, pendientes de que se consoliden en los próximos días, podrían anticipar que el final de la erupción está más cerca.


Carmen López, portavoz del comité científico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), ha destacado el descenso de la señal del tremor desde el mediodía de ayer martes y que se ha mantenido en las últimas horas.


A eso se añade la última medición de dióxido de azufre (SO2) en el penacho, en torno a las 9.600 toneladas diarias, lo que confirma la "tendencia descendente" de los días pasados, con el paréntesis del valor obtenido el lunes, si bien la emisión de CO2 sigue en ascenso: 1.750 toneladas.


El otro dato en el que se fijan los científicos es la actividad sísmica, que se mantiene en las mismas zonas y profundidades, con uno de magnitud 5 a primera hora de la mañana.


Carmen López ha enfatizado que la evolución de los datos del tremor y de emisiones SO2 "son signos positivos, no hay duda", pero siguen siendo "valores muy altos", aunque "si seguimos en ese camino, iremos bien". 


La superficie cubierta por la lava del volcán cubre 997,8 hectáreas de terreno, según los últimos datos del sistema europeo de monitorización por satélite Copernicus, que sitúa en 6.686 hectáreas la extensión cubierta por cenizas. Las edificaciones afectadas ascienden a 2.752, de las cuales 2.613 están destruidas y 139 posiblemente dañadas.


La biodiversidad, cada vez más deteriorada

La vegetación situada en el área de la erupción de Cumbre Vieja, y que corresponde en su mayoría a pinar canario, se está deteriorando "muchísimo" debido a la duración en el tiempo de este proceso volcánico, según ha afirmado a Efe el investigador del CSIC Manuel Nogales.


Nogales, delegado en Canarias del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, explica que, al realizar la fotosíntesis, los pinos lo hacen con gases que son aerosoles ácidos desprendidos del volcán, lo que provoca que tengan un aspecto amarillento, "con una clorosis galopante que ya llega a los cinco kilómetros de distancia del cono".


El especialista, que dirige a los distintos equipos del CSIC que de forma continua y desde el inicio de la erupción estudian sus efectos sobre la biodiversidad de la zona, explica que la más alejada del volcán se encuentra "aceptablemente bien", pero la del sur de las coladas es la que más ha sufrido debido a que los vientos alisios trasladan el material magmático, incluidas cenizas y arenas, y producen unos cambios importantes en la vegetación.


Ha explicado que aunque los daños no son tan espectaculares como los producidos por un incendio, si es un proceso más lento e igual de importante y dañino y, como ejemplo, ha citado que está cayendo mucha pinocha en una época del año que no corresponde, ya que ese proceso natural en los pinos se produjo entre agosto y septiembre.


"No sabemos cómo será la recuperación porque es un escenario muy nuevo para nosotros", afirma el investigador, que recuerda que la erupción del Teneguía de hace 50 años fue mayoritariamente en la costa y no afectó a pinares.

Los científicos ven "signos positivos" de que el final de la erupción de La Palma está más cerca