El París recupera el cine para recordar a un coruñés de miedo, Amando de Ossorio

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El fantaterror de los años setenta es el protagonista del regreso de las películas al que fuera, en su día, el cine más antiguo de Europa, el París. Y con un protagonista tan coruñés como la propia sala, Amando de Ossorio, que fue uno de los máximos exponentes de este tipo de cine de los años setenta, llenos de templarios y otros elementos esotéricos. 


El responsable no es otro que un coruñés enamorado del cine tanto o más que Ossorio, Ignacio Benedetti, quien, gracias a la colaboración de la Librería Arenas (que está gestionando el espacio hasta que comiencen las obras de reforma, después de que cerrase la tienda de Pull and Bear que ocupaba el lugar), celebrará aquí el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual.


El programa, que comenzará a las 19.00 horas, estará compuesto por "El ataque de los muertos sin ojos", la más famosa de las que hizo Amando de Ossorio que, curiosamente, vivía justo enfrente del cine. Algunos de sus familiares continúan en la zona, como es el caso de quienes gestionan la farmacia Ossorio, en la plaza de San Nicolás, que recientemente celebró su 150 aniversario. El largometraje del internacional coruñés va precedido de un programa también coruñés: "La ciudad de las rías", de Andrés Fernández-Albalat, y de "La Coruña 1965", de los hermanos Docampo, con guion y dirección de Antonio Docampo, locutado por José María Pujalte y Ananda Español.


Paris cartel nuevo


La película contiene alguna de las escenas mas valoradas del cine de Ossorio, como las cabalgatas nocturnas de las momias ciegas templarias con ese sonido espectral retrasado con respecto de la imagen. Las momias templarias de Ossorio, cuando emergen de sus tumbas para asolar con sus terroríficas razzias, siguen conservando la inteligencia, a diferencia de lo que ocurre con otras películas de zombis coetáneas que también provienen de un cineasta con raíces en la ciudad, George A. Romero, a quien sus tías coruñesas contaban cuentos de miedo de la Santa Compaña cuando era niño. Los templarios de Ossorio, con más cerebro que los zombis, se agrupan a caballo, trazan planes de ataque, saben luchar para defenderse y, debido al recurso de la cámara lenta -acompañada de la banda sonora espectral-, las momias templarias de Ossorio parecen moverse en otra dimensión de tiempo distinta de sus víctimas. 


En resumen, una película estupenda para ir abriendo boca para el Día de Difuntos, Halloween y cualquier otra celebración en la que el terror y los muertos sean los protagonistas. 





El París recupera el cine para recordar a un coruñés de miedo, Amando de Ossorio