La fábrica de sueños y de pesadillas

Alec Baldwin | efe
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Y un día cualquiera, uno va a trabajar y en mitad de la jornada se convierte en el autor de la muerte de una persona. Y de héroe de una de vaqueros pasa a ser investigado por la Oficina del Sheriff por matar de un disparo accidental a la directora de fotografía de la película. La historia nos suena: una pistola de atrezo que debería estar cargada con balas de fogueo y resulta que tiene munición real sin que el que la manipula lo sepa. Como trama de un capítulo de ‘Se ha escrito un crimen’ está muy bien, pero a Alec Baldwin igual se le quitan las ganas de volver a coger un arma.

La fábrica de sueños y de pesadillas