Puigdemont en Cerdeña

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Hoy acapara la atención mediática y política la comparecencia de Puigdemont en el juzgado de Cerdeña que debe decidir si le deja en libertad o si inicia la vía de la entrega a la justicia española, como pide el juez Llarena. Estamos ante un embrollo jurídico que tendrá repercusiones políticas en los gobiernos de Cataluña y España pero, más allá de esas complejidades, procede hacer unas consideraciones.

Una. Puigdemont es el líder de Junts, heredero de la antigua Convergencia, el partido más corrupto de la democracia española que “recaudó” tanto dinero en comisiones y durante tantos años que es imposible cuantificar.

Dos. Este individuo violó la Constitución declarando la independencia, consagró el desprecio a la ley y fracturó a la sociedad catalana vulnerando los derechos de los catalanes no independentistas. Después huyó cobardemente a Waterloo y se dedica a chulear al Estado español que él llama “represor y vengativo”, a desacreditar las instituciones y a sembrar odio a todo lo que signifique España. Es un delincuente prófugo de la Justicia española

Tres. Es verdad que España tiene muchos problemas sin resolver y un problema añadido es la mediocridad de la clase política. Pero hay que decir que si estos políticos están ahí es porque España es una democracia plena –mejor que Francia, Portugal, Italia y Bélgica, según el Índice Democrático 2020 de The Economist– en donde se vota en libertad y las instituciones del Estado amparan a los ciudadanos.

Cuatro. Por eso, indigna a los españoles que un individuo con este curriculum delictivo esté en Bélgica y se pasee por Alemania, Francia e Italia burlándose de la democracia y de la justicia españolas sin que ninguno de esos países aplique la euroorden, que es el fundamento de la confianza entre los sistemas jurídicos de los Estados. ¿Alguien entiende que Europa sea un paraíso que acoge a quien atentó contra la unidad de un estado miembro, de contrastada lealtad europeísta?. Una vergüenza que desacredita a la propia Unión Europea y defrauda a los españoles.

Cinco. Claro que también debe ser difícil entender en Europa que los independentistas sean ahora socios del Gobierno de España y los condenados por sedición y malversación hayan sido indultados de los graves delitos cometidos. Difícil de entender y de explicar.

Una última consideración. Viendo el montaje que hay en Waterloo en torno al prófugo, Josep Pla preguntaría “¿Y esto quien lo paga?”. Mi paisano Ciprián de Penalva diría que “son moitos os que viven de eso” y es imposible dialogar y atraer a tantos políticos cuyo modo de vida confortable depende de no dejarse convencer. Es una buena respuesta que da casi todas las claves del embuste del procés.

Puigdemont en Cerdeña