Causas comunes

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Antonio Gasset, periodista y a mi juicio sabio, ha fallecido. En las entretelas de mi cerebro se han grabado a fuego algunas de sus célebres frases, concretamente una que deseo compartir con ustedes.


Este pensador- porque al fin y al cabo lo es todo aquel que no teme exponer aquello que sale de su cabeza de forma ordenada y constructiva-, solía repetir que había que aprovechar la pausa de la desilusión ocasionada por alguien a quien considerábamos “de los nuestros”, para revisar la agenda de amigos, para darnos cuenta de con quien hemos malgastado el tiempo y de con quien no, para percatarnos de que hemos tenido la desgracia de conocer a un montón de ineptos y para tener el inmenso placer de coger un boli y de tacharlos.


Como en casi todos los ámbitos, existen dos caras de la moneda y-por lo tanto- dos tipos de personas. En cuestión de seres queridos- o aparentemente queridos-, existen los que se casan con uno y los que lo hacen con todos. Aristóteles, además, repetía que un amigo de todos es un amigo de nadie… Y yo no puedo estar más de acuerdo con esta reflexión.


Las personas sufrimos afrentas imperdonables. Casi todas provienen de malos entendidos, teléfonos estropeados, orgullos confundidos o envidias soterradas; sin embargo, estos difíciles ratos por los que todos tenemos que atravesar en algún u otro momento, además de un sabor de boca amargo, nos aportan la clarividencia necesaria para poder entender quien merece la pena y quien no lo hace.


Los que hacen causa común al vernos sufrir o al vislumbrar que somos pasto de una injusticia, son una minoría. La mayoría de la gente prefiere disfrazarse de conciliadora para tratar de evitar el conflicto con la parte en discordia, sin embargo, muchos de estos personajes no toleran la posibilidad de no ser apoyados cuando son ellos los que se consideran vilipendiados.


Y es que ya sabemos eso de que uno ve la paja en el ojo ajeno y no ve la biga en el propio. En cualquier caso, nos apoyen o no, hagan el paripé de mediadores o escapen como alma que lleva el diablo de todo tipo de discordia, deberíamos sentirnos muy afortunados de saber con quién contamos y con quién no.


Cada vez que la vida nos cierra una puerta, hay una ventana esperando ser abierta. Lo mismo sucede con las relaciones interpersonales: unos van y otros vienen. Y en esas idas y venidas, radica el crecimiento personal para quien lo quiera y, sobre todo, para quien lo sepa aprovechar. Perder un amigo no tiene por qué ser una desgracia, muy al contrario, se trata de una oportunidad. Y no olviden que las oportunidades se pintan solas.


Así que si se sienten dolidos, traicionados o decepcionados por otras personas, quizás estén de suerte. La vida acaba de retirar de un plumazo a alguien-muy probablemente con su séquito de “queda bienes”- para evitar que usted sea presa de desilusiones futuras, cuando sea más viejo, esté más cansado y tenga menos posibilidades de reemplazo.


El que exige mucho es porque da o ha dado mucho. La mayor parte de los humanos ni dan ni esperan, por lo que tampoco podemos darles y-mucho menos- esperar nada de ellos. Como repetía Buda: ”Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”, porque quien la hace la paga. Solo es cuestión de esperar, así que no se aflijan porque todo llega simplemente si nos armamos de paciencia y no desesperamos.


*Begoña Peñamaría es diseñadora y escritora

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