Vana filípica

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La presidenta del Congreso, Meritxell Batet, advirtió este martes a sus señorías, en un discurso medido e institucional, que el clima de crispación en el hemiciclo era intolerable y les preguntó si eran conscientes de la imagen que trasmitían al país.

Pese a la solvencia de su alocución el mensaje no parece haber calado en el ánimo de los representantes de la soberanía popular. Ayer, sin ir más lejos, la sesión de control volvió a ser una jaula de grillos y una diputada de Junts x Cat describió como “putiferio” la actitud de los periodistas “españoles” tras la detención de Puigdemont.

Ella tiene una tribuna, pero posiblemente ignora lo que el resto de sus conciudadanos, catalanes o españoles, que tanto da, piensan de sus soflamas. Hasta el presidente del Gobierno tuvo que recordarle que ni ella misma se creía lo que estaba diciendo.

Pero no fue ella sola. El PP y VOX, crecidos por los datos de las últimas encuestas que les sitúan muy cerca de la mayoría, hacen de la agresividad su estrategia para recuperar un poder que creen que les fue sustraído.

Casado, que ha logrado sacar adelante la convención itinerante, en ausencia de Isabel Diaz Ayuso, y logrado el respaldo de sus barones regionales e incluso de Mariano Rajoy, cree llegado el momento de dar el empujón final para consolidarse como líder indiscutible de la derecha.

Eso sí, mirando de reojo a su extrema derecha, con un Abascal que también crece en los sondeos y con los que puede tener los mismos problemas que Sánchez con Podemos, o peores.

Pero, de momento, las elecciones serán en 2023 y pueden pasar tantas cosas...Lo de ahora, lo de hoy, lo que sus señorías parecen no querer ver, ni oír, ni que se les mencionees que la lava del volcán de La Palma ya ha llegado al mar, que a su paso se ha “tragado” setecientos cuarenta edificios y amenaza a otros mil quinientos.

Que la subida de la luz y los combustibles dispara la inflación a niveles que no se veían desde hace trece años, cargando sobre los sufridos bolsillos de una sociedad que a duras penas siente que está saliendo de la pandemia. Que las previsiones económicas no son tan halagüeñas como nos había hecho creer la vicepresidenta Calviño y que los ERTE no dejan de ser un paliativo para los que no logran recobrar su empleo.

Eso es lo que de verdad preocupa a los españoles, hartos de populismos de todos los colores y hartos de ver actuar a sus dirigentes políticos como concursantes de una reality de la televisión.

Lo que está sucediendo en Reino Unido estos días es una llamada de atención sobre el riesgo de dejar en manos de charlatanes incompetentes el destino de una nación.

El pintoresco Boris Johnson comprueba ahora como la carencia de trabajadores extranjeros, a los que cerró la entrada con un portazo, lleva al desabastecimiento de combustibles y alimentos. El Brexit era muy fácil de gritar pero muy complicado de administrar.

También resulta aleccionador el comportamiento de los dirigentes de la CDU alemana, que ha perdido por escaso margen las elecciones y, sin embargo, aconsejan a su candidato que deje gobernar a la social democracia, ganadora en las urnas. Eso es sentido de Estado y responsabilidad política

Lamentablemente, la filípica de Batet no parece que vaya a evitar el lamentable espectáculo del gallinero en que se ha convertido el Parlamento y la vida política en este país.

Vana filípica