La dignidad de las personas

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En los últimos tiempos, la mayoría de las sociedades avanzadas, libres y democráticas han legislado sobre cuestiones fundamentales que afectan a la vida cotidiana de las personas. Derechos que no están exentos de polémica, como el aborto, la eutanasia, el matrimonio del mismo sexo, los derechos de las personas LGTBI, la igualdad real de las mujeres, etc.


Sociedades abiertas y democráticas que deben acatar lo que decida la mayoría aunque no se comparta. La libertad consiste en eso, ejerciendo los derechos según sus creencias, pensamientos o realidades, pero nunca impidiendo que los demás que no comulgan con nuestras pretensiones dejen de ejercer sus derechos con total libertad.


En España y en otros muchos países, hay formaciones políticas, asociaciones o plataformas (denominadas cívicas) que se dedican a acosar, insultar y estigmatizar a las personas que ejercen libremente sus derechos reconocidos legalmente. En el caso del aborto, hasta 8.000 mujeres han sufrido desde el año 2.010 el acoso de grupos ultras en las clínicas abortivas.


Estos grupos, poco democráticos, son un tanto hipócritas, porque mientras dicen abogar por la vida, en cambio se oponen a que se alberge a los menores no acompañados y que se expulsen a los inmigrantes sin papeles. No reconocen la violencia machista y entienden que los homosexuales o lesbianas es simplemente cuestión de ideología, entre otras lindeces.


La dignidad de las personas tiene que estar por encima de las ideologías y de los pensamientos de grupo. Unos pocos individuos no pueden imponer su línea de la vida al resto de mortales. Cada uno tiene su propia responsabilidad para ejercer sus derechos en libertad.

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