Vacunas

|

Comienza el último cuatrimestre del año mientras recuperamos poco a poco un remedo de normalidad viendo como los niños vuelven a las aulas. Y aunque el virus, el maldito Covid continua ahí, lo cierto es que las vacunas le han puesto freno lo que nos permite a todos, con mucha prudencia, ir retomando poco a poco nuestras actividades cotidianas.


Pero volver al centro de trabajo supone preguntarse por los riesgos y aquí enlazo con un debate que apasiona por igual a los expertos y a quienes no lo son. Por ejemplo el de la obligatoriedad de la vacuna contra el Covid.


Más de un disgusto se ha llevado el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, al hacer obligatorio que el personal sanitario se vacune contra el Covid además de que nadie pueda entrar en un lugar concurrido sin enseñar el certificado de vacunación.


Algo parecido sucede en Italia donde el personal sanitario también está obligado a vacunarse o de lo contrario se enfrentan a que les suspendan de empleo y sueldo.


Sin duda, para los juristas es un tema de debate de lo más interesante puesto que se trata de la confrontación de dos derechos, el de ser vacunado o negarse a vacunarse.


Vaya por delante que no tengo un criterio definido, pero sí me pregunto por otro derecho, el de las personas que pueden ver como peligra su salud porque tienen contacto con otras personas que no se han vacunado por voluntad propia.


Imagínense un centro de ancianos o un colegio o un hospital o cualquier centro de trabajo. Personas que en su legitimo derecho no se han vacunado pero que al no hacerlo suponen un peligro para los demás.


No, no es un dilema fácil de resolver aunque les confieso que no puedo evitar una cierta irritación contra quienes no se vacunan pero tampoco renuncian a seguir haciendo su vida y acudiendo a su trabajo aún sabiendo que ponen en riesgo a las personas con las que tienen que tratar. Yo conozco a algunas personas así y no hay manera de razonar con ellas por mas que se pueda insistir en que además de la mascarilla y unas ciertas medidas higiénicas como el lavado continuo de manos, el instrumento más eficaz para frenar el Covid son las vacunas.


Ya sabemos que la vacuna no evita que nos podamos contagiar pero al menos si evita que el maldito virus nos lleve directamente a la UCI y quién sabe si a la muerte.


¿Qué derecho debe prevalecer: el del que no quiere vacunarse y pone en riesgo vidas ajenas o el de quién puede ser contagiado por alguien no vacunado?


Imagínense que van a trabajar y tienen un compañero que se niega a vacunarse pero sin embargo comparte el mismo espacio con el resto de los trabajadores ¿tiene más derecho esa persona que quién al menos vacunándose supone menos riesgo para los otros?


Ya digo que es un debate apasionante. Y siento decirlo, pero las personas que se niegan a vacunarse me parecen insolidarios y egoístas.

Vacunas