Una medalla a la impostura

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La condición humana es la que es, de manera que no voy a sorprenderme, e imagino que ustedes tampoco, por esa carrera desenfrenada -y me permito calificar de impúdica- de ponerse medallas que algunos políticos emprendieron la semana en que Occidente abandonó Afganistán.

Pero vayamos por partes. Durante los días trágicos en que nuestros soldados se jugaban la vida intentando salvar otras vidas, fue clamoroso el silencio de Podemos. Las ministras podemitas ni siquiera se compadecieron de la situación de las niñas y mujeres afganas. Eso sí, la vicepresidente Yolanda Díaz, que cuida mucho su imagen, se plantó en Torrejón para recibir, junto al presidente y otros ministros, el último avión que llegaba de Kabul. Pero la foto de la vicepresidenta es irrelevante; lo escandaloso es que cuando por fin una ministra podemita, la señora Montero, se decide a decir algo compara la situación de las mujeres afganas con las mujeres españolas y se queda tan fresca. Es incalificable, por no decir un insulto, lo dicho por Irene Montero. No es que sea una barbaridad, es peor. Aunque tampoco se puede esperar peras del olmo.

Para continuar me parece un auténtico despropósito, amén de una política de baja calidad -por no decir rastrera-, la del PP cuestionando la “operación” de Afganistán.Mientras nuestros soldados se estaban jugando la vida con valor y honor, mientras estaban ayudando a ciudadanos afganos a intentar entrar en el recinto del aeropuerto para salvar sus vidas, los señoritos del PP decidieron que como el verano toca a su fin algo tenían que hacer para hacerse notar en la reentre. Y vaya que se han hecho notar cuestionando lo incuestionable.

Porque la realidad es que España entera ha visto las imágenes de la tragedia que estaba teniendo lugar en los alrededores y en el aeropuerto de Afganistán y cómo los soldados de nuestro país (también de otros), estaban haciendo más allá de lo humanamente posible por ayudar a los ciudadanos afganos que intentaban huir del terror de los talibanes.

Por si fuera poco, los nuevos mandamases de la Moncloa, es decir los que ahora cuentan con el favor del jefe, se han encargado de “filtrar” que toda la operación de poner en marcha esos “puentes aéreos” entre Kabul y Madrid, lo habían organizado ellos solitos, como si los soldados fueran soldaditos de plomo que movían a su antojo. Y no, no ha sido el ministro Bolaños, ni su equipo de la Moncloa los que estaban con casco en el aeropuerto de Kabul jugándose la vida para salvar otras vidas.

Hay muchas clases de medallas, y deberían de inventar medallas de hojalata a la impostura, porque las medallas de verdad, si hay alguien que se las merece, es nuestro Ejército. Son nuestros soldados los que estaban inmersos en una situación cuasi bélica, con una ciudad tomada por los talibanes, en un aeropuerto rodeado por talibanes y miles de ciudadanos desesperados por abandonar su país. La operación rescate la han protagonizado militares, y por tanto las decisiones las tomarían los responsables militares de acuerdo con la cadena de mando. Así que querer ponerse medallas que no corresponde queda, cuanto menos, feo. Se deben de creer los nuevos aprendices de brujo que a los españolitos de a pie se les puede dar gato por liebre. Puede que los políticos hayan estado en sus despachos pendiente de lo que sucedía, pero la operación rescate tiene unos protagonistas incuestionables que son los soldados que estaban allí y sus mandos. Sin olvidarnos, claro está, de nuestros diplomáticos que han permanecido hasta el último día en Kabul.

Y vuelvo al PP, a su política barata cuestionando la operación de Afganistán. Han metido la pata hasta el corvejón. No sé quién aconseja a Pablo Casado, pero debería despedirlo de inmediato. Como Casado siga así, Pedro Sánchez puede dormir tranquilo porque con una oposición como la del PP podrá seguir disfrutando de la Moncloa.

Una medalla a la impostura