Ver pasar al Helimer sin que eso signifique nada malo

Un momento del simulacro/M. Dylan / Europa Press
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Hubo quien acudió a propósito, prismáticos en mano, y quien se acercó al ver la enorme congregación de personas y el movimiento en el mar. Ayer se conmemoraba el 30 aniversario de la base coruñesa del Helimer, con un simulacro de rescate en el entorno de O Parrote que causó expectación y congregó a un par de cientos de personas en el paseo para disfrutar de la maniobra.


Poco antes de las 13.00 horas, las aguas portuarias frente a O Parrote acogían a uno de los remolcadores que recibía con chorros de agua la maniobra de Salvamento Marítimo.


Además de todas las personas que se ubicaron en el paseo para ver la actuación de rescate, con la tranquilidad de saber que era una simulación, aunque más de uno preguntase si alguien se había ahogado, había también testigos de excepción, como los turistas a bordo del “Rías Altas”, que cubre el paseo entre A Coruña y Santa Cristina, que pudieron apreciar, en primer plano, el acercamiento del helicóptero, así como el vuelo del avión de patrulla, que recorrió la ciudad.


Justo antes del acto, el presidente de la Autoridad Portuaria, Martín Fernández Prado, recordó que los equipos de salvamento no acostumbran a hacer estas actividades de práctica en la ciudad, pero con motivo de la efeméride, quisieron brindar a los vecinos la ocasión de apreciar estas maniobras de rescate, en la que simulaban una emergencia con un maniquí.


“Me gustaría da la enhorabuena a este servicio por el trabajo que hacen”, afirmaba, antes de añadir que “son 30 años en los que han salvado a más de 1.200 personas, son 30 años ganándose cada día el respeto y el reconocimiento de todo el sector del mar”.


“Agradecemos mucho el trabajo, pero esperemos que no pasen de simulacros, que no haya que hacer muchas acciones de verdad, pero, si las hay que hacer, sabemos que contamos con un servicio de garantías”, aseguraba Fernández Prado.


Resto de actividades

“Es un día muy bonito”, afirmaba el presidente del Puerto, porque, además del ejercicio de rescate, hubo bastante actividad en los terrenos portuarios.


“Un puerto, lo bonito es verlo con actividad muy diversa y hoy tenemos cosas extraordinarias”, decía Fernández Prado, que enumeraba el transporte de refinados en Petroleros, la descarga de cereal de un buque de 70.000 toneladas y la llegada de los veleros de las regatas, que a pesar de su suspensión, mantuvieron su escala en la ciudad.



Entre estos últimos llegó el velero noruego “Statsraad Lehmkuhl”, un buque de 98 metros de eslora del año 1914. Fernández Prado acudió al muelle de Trasatlánticos, donde permanece amarrado, a recibir a la tripulación y a su capitán, Hens Joachim Hiorth, al que le entregó, a modo de recuerdo por su llegada a la ciudad, una metopa. 





Ver pasar al Helimer sin que eso signifique nada malo