Un error sin solución

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No es necesario ser un experto en geopolítica para concluir que la espantada de EEUU en Afganistán ordenada por Biden ha sido un error supino en el fondo y en la forma. Es cierto que Obama en 2011 inició el camino al reducir la presencia americana en la zona, síntoma inequívoco de que entendía que la guerra no tenía buenas perspectivas, pero no es menos cierto que Biden decidió el cuándo y el cómo y el resultado es el que es y que todos conocemos. Algunos recordamos la huida de Zapatero de Irak y su desprecio a la bandera americana dejando mermada la confianza de nuestros socios en España como país y cuyas consecuencias aún colean a día de hoy. Con este antecedente es su mano, el presidente americano decide, por su cuenta y nuestro riesgo, anunciar de forma abrupta el abandono de sus tropas y deja, con esta decisión, con el culo al aire a todos los socios que acudieron a la llamada estadounidense para sumarse a esa guerra que pretendía acabar con el terrorismo al que daba abrigo y cobijo el gobierno talibán. Así las cosas y veinte años después volvemos a la casilla de salida y los talibanes recuperan un estado para continuar con sus tropelías y, de sus acciones futuras, todos somos víctimas potenciales. Pero es más, aquellos talibanes de 2011 tenían el desprecio generalizado del mundo civilizado y tras el 11S o los asesinatos terroristas de Atocha, entre otras muchas cosas, el mundo mantenía un férreo cinturón sanitario para controlar y arrinconar a los asesinos terroristas. Hoy no estamos igual, estamos mucho peor, porque los talibanes salen crecidos y reforzados de una guerra que no ganaron y con apoyos de potencias como Rusia o China, cambiando el orden mundial y expandiendo la negra sombra de los terroristas por todo Occidente. Tan crecidos están que ponen condiciones y fechas para que los países abandonen “su” país, organizan atentados en el aeropuerto de Kabul que, cuando escribo estas líneas se han cobrado cerca de 100 víctimas mortales y más de 200 heridos. Ahora lo políticamente correcto lleva a los líderes mundiales a edulcorar esta bestialidad y explican que los atentados son de una facción no controlada de Dáesh pero, al final, solo son fuegos de artificio. Los talibanes son lo que son y son como son y no han variado su estrategia asesina pero ahora no tienen adversario formal y cada nación, por libre, habrá de cuidarse de los ataques que estos iluminados asesinos pueden programar en cualquier país del mundo. No valen los gestos de dolor de Biden, lo que ocurra será consecuencia directa de su decisión y los aliados de EEUU tendrán que pensárselo dos veces antes de acudir a una nueva llamada de ayuda que puedan realizar los americanos. Ya no son de fiar, miles de personas serán asesinadas por haber colaborado con los países occidentales que han estado allí acompañando al ejército americano, otros muchos buscarán refugio internacional y entre ellos, como ha ocurrido en Francia, se colarán talibanes terroristas que buscarán la peor forma de hacernos daño desde dentro de nuestros propios países. El resultado está siendo catastrófico y con pinta de empeorar. Biden ha cometido un error sin solución.

Un error sin solución