Una fotografía que cuesta una carrera

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en política, una palabra equivocada o un gesto erróneo puede acabar con la carrera de cualquiera. Y eso es lo que le ha pasado a Armin Laschet, considerado por muchos como el sucesor idóneo de Angela Merkel. Su pecado fue acudir a una de las zonas asoladas por las riadas en Alemania y que alguien le quitara una foto sonriendo a mandíbula batiente. No es que sea un sádico que disfrute con el sufrimiento de los demás. Se trata de una imagen sacada de contexto, pero es algo que parece que no le perdonan las víctimas y, por supuesto, sus rivales políticos. FOTO: Armin Laschet, como apesadumbrado | aec

Una fotografía que cuesta una carrera