El Gobierno de la recuperación

|

Mucho se hizo de rogar Pedro Sánchez en su comparecencia para dar cuenta de la importante remodelación de Gobierno acometida: una hora larga de espera. Mínima reducción de carteras –sólo una, y eso si por tal se entienden las vicepresidencias-, siete salidas, otras tantas incorporaciones y un cambio de titularidad.


Más de lo que se esperaba, pero un equipo sobre el que ya de entrada flota la duda de su capacidad para superar la deriva del momento presente. No es que sin haber echado a andar el reloj pongamos en duda la capacidad de los nuevos ministros, pero sí es inevitable traer a colación el refrán según el cual donde hay patrón no manda marinero. Y en sus tres años monclovitas el patrón ha acumulado tanto descrédito que contamina de muerte todo lo que a su alrededor se mueve. En verdad, quien tendría que dimitir es él.

Pedro Sánchez, en efecto, se viene distinguiendo por quemar escudos políticos. De hecho, de los dieciocho ministros que vinieron a integrar el Gobierno salido hace tres años de la moción de censura, sólo continuarán siete. Y lo que es más significativo por el escaso tiempo transcurrido: de los veintitrés integrantes del Ejecutivo que echó a andar en enero del año pasado luego de las elecciones de la Navidad anterior, tras la crisis de este fin de semana sólo seguirán nueve más los cinco intocados por intocables de Podemos.


Después de tantas turbulencias políticas, económicas, sociales y sanitarias como las que han venido a coincidir en estos últimos meses, es normal también que se haya juntado un poco el hambre con las ganas de comer. Esto es, que hayan confluido deseos personales de aprovechar el momento para dejar el Gobierno.


En este sentido se habla de la hasta ahora todopoderosa vicepresidente Carmen Calvo, a la que no se la ve del todo recuperada del coronavirus padecido. O el ministro Juan Carlos Campo, del que se dice se sentía especialmente incómodo con las papeletas que le venían tocando como titular de Justicia en plena negociación con los independentistas catalanes y toda la ingeniería jurídica que el proceso exige.


Por unas circunstancias u otras han caído pesos fuertes, como la propia Carmen Calvo, el titular de Transportes, José Luis Ábalos, que en tantos charcos oscuros se ha visto metido, y el extragubernamental Iván Redondo. Y quedan algunos más que cuestionados como Marlaska, uno de los miembros del Gabinete que más ha decepcionado. El sector económico no sólo se mantiene, sino que sale reforzado. Y el locuaz Iceta queda fuera –nada desdeñable– del diálogo con las comunidades autónomas.


Afortunadamente, María Jesús Montero deja la portavocía del Gobierno. Ha tenido muy fácil superar el listón dejado por su antecesora Isabel Celaá, pero ni a eso ha llegado. De todas formas, el nuevo Gabinete ya tiene titular oficial : el Gobierno de la recuperación. Veremos.

El Gobierno de la recuperación