Duro examen para España

Varios jugadores de la selección, durante el entrenamiento del sábado | efe
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Convertido en un clásico de buen fútbol reciente, no hay Eurocopa que no depare un pulso entre España y Croacia. Por tercera consecutiva cruzan sus caminos. La primera en una eliminatoria directa que representa el examen a la realidad de la selección rejuvenecida por Luis Enrique, que encara su primer gran reto con el descaro de la inexperiencia.


Esquivó con grandeza la deshonra que habría supuesto el retroceso a los tiempos más oscuros, de eliminaciones a las primeras de cambio y rendimientos alejados a las expectativas. España reaccionó a tiempo.


Con contundencia. Firmando ante Eslovaquia la mayor de sus goleadas en una fase final e igualando la máxima diferencia de goles en la historia de la competición.


La mutación para pasar de marcar un solo gol en 28 remates ante Suecia y Polonia, a endosar cinco de golpe con nueve disparos a puerta, no se explica solo desde la contundencia. A la selección le faltó más en sus dos primeras apariciones, sin un líder hasta que se produjo el regreso de Busquets, sin la continuidad necesaria en una idea futbolística hasta que se produjeron los cambios de Luis Enrique que impulsaron el equilibrio.


Apostó por cuatro novedades en su equipo titular y le funcionó a la perfección. Con el físico adecuado para asfixiar desde la presión y golpear desde la posesión. La entrada de César Azpilicueta, Eric García, Busquets y Pablo Sarabia, dejó tan buen sabor de boca que nunca estuvo tan cerca Luis Enrique de repetir equipo como seleccionador. Jamás lo ha hecho en sus 24 encuentros dirigidos.


Las esperanzas de volver a sentirse parte del grupo de favoritas al título, regresaron tras escapar a una peligrosa dinámica.


De golpe, la selección española se olvidó de ganar. Se convirtió en una selección difícil de derrotar, tan solo lo consiguió Ucrania, pero seis empates en sus nueve últimos partidos daban forma a una tendencia que solo podía conducir a la decepción.


Pero en el fútbol, todo depende del prisma con el que se mira y ahora pesan más los diez encuentros sin perder, el optimismo con el que se cita con Croacia tras un giro inesperado del destino. Todo estaba dispuesto para saldar deudas de aquella única derrota desde el regreso de Luis Enrique con Ucrania, cuando un tanto final de Suecia en el tiempo añadido ante una Polonia desesperada que necesitaba ganar, arrebató el primer puesto a España y la mandó al lado más duro del cuadro.


Es donde medirá si tiene techo. Con Croacia en octavos y, si se cumplen las previsiones, Francia en caso de alcanzar los cuartos. Las dos selecciones que se enfrentaron en la última final de un Mundial. Exámenes de dureza pero, a su vez, partidos en los que al fin no encontrará la selección española un rival parapetado en su campo, un planteamiento defensivo que presenta mayores problemas a su estilo que la opción de jugar con espacios.


Ante Croacia encontrará la primera ocasión de probar sensaciones a un intercambio de golpes. Se medirá a un equipo que saldrá a arrebatarle la posesión. Un duelo que confirmó a la España que dominaba Europa en 2012 pero que torció el camino en 2016.


Croacia llega a la cita asumiendo el duro golpe del positivo en coronavirus de Ivan Perisic del sábado.

Duro examen para España