Volver a cuidar la barba

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La no utilización a cielo abierto de las mascarillas, cubrebocas, tapabocas o protector nasal y bucal, dejarán vernos que veamos la sonrisa de muchas personas que a diario nos encontrábamos en nuestro camino, pero de las que no sabíamos si sonreían o llevaban un contenido rictus de tristeza. Además, con el lanzamiento al vuelo de las mascarillas volveremos a contemplar el rostro, en su totalidad facial, de los ciudadanos de a pie y nos deparará la necesidad de tener que utilizar con mayor frecuencia los utensilios para rasurar la barba. Ahora, y me pongo en primer lugar, nos habíamos hecho más cómodos y le dedicábamos menos días a la semana a dejar nuestro rostro sin señales de una incipiente barba que dicen los modernos es lo que ahora se lleva.


El dejar de utilizar las mascarillas en los lugares públicos y abiertos, en los que se tiene que respetar también la distancia de seguridad, es un signo externo de gran alcance que nos hace pensar que vamos por el buen camino para seguir ganando terreno y venciendo, con muchas dificultades, a esta pandemia que nos ha traído por la calle de la amargura y el dolor dejando en el camino a personas muy queridas para todos nosotros.


Las barbas del vecino, y las nuestras, dejaremos de ver a partir de este fin de semana. Lo que parecía muy lejano en el tiempo va a ser una realidad, pero teniendo en cuenta que en nuestra propia responsabilidad está el que sigamos avanzando contra una crisis sanitaria que dejó en el camino a muchos que lo único que hacían era vivir el día a día.


Volveremos a ver rostros sonrientes. Y nos acostumbraremos a que muchos de nuestros amigos luzcan a partir de ahora una barba, más o menos poblada. La costumbre hace el hábito y muchos de ellos preferirán seguir manteniendo una fisonomía facial distinta a la que nos tenían acostumbrados antes de que se tuvieran que enfundar una mascarilla para poder seguir haciendo una vida normal cubierta de grandes necesidades. En esta ocasión el famoso refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, no se va a cumplir. Cada uno, y yo también me incluyo, haremos lo que nos parezca más oportuno con nuestra barba. Muchos seguirán ahorrando dinero en cuchillas, espuma de afeitar o electricidad, ese bien tan preciado hoy en día.

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