El pote podrido

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Cuando el juez de la Audiencia Nacional escuchó el relato de Manuel Morocho las maniobras del PP para tapar la trama Gürtel dijo “es un panorama desolador”, a lo que el policía le respondió: pues no sabe usted todo.


Y le contó lo que desde la cúpula popular vienen negando: había caja B, había sobresueldos con el dinero que se recibía por facilitar contratos. Así de claro y sin adornos. Luego viene la segunda parte de la operación: tapar los delitos. Borrar las huellas.


Se crea una operación policial para robar documentos vitales para la investigación. Y todo, es la costumbre de la casa, con dinero de los fondos reservados. Se manipulan los ordenadores.


Se espía a Bárcenas, se registra su casa y se amenaza a la familia. Vamos que ni una película sobre la mafia es tan explícita como el relato de la mangancia de esa banda que ya, en sede judicial, fue declarada culpable de lucrarse de esos latrocinios. Todo el PP, según el juez.


La cúpula del partido, que a su vez alguno formaba parte del gobierno, bajo las órdenes de M.Rajoy, formaba parte de una banda ilegal e inmoral. Es curiosa que Ayuso, aprendiza de la mano de Esperanza Aguirre, use esos calificativos para los políticos catalanes. Es otra prueba de la desvergüenza de lo que por ahí algunos aún llaman “partido de gobierno”.


Y como ya queda dicho: la respuesta a estos actos, y aún unas cuantas tropelías más, es que se trata no del PP de valencia, que también. O no solo del PP madrileño –con algún miembro en la cárcel y otros paseando por las salas de los juzgados– sino, insisto del PP en grupo.


Todos. Y aunque no se pueda decir que quienes les confiaron distintos gobiernos –en municipios, provincias, autonomías o el ejecutivo central– son cómplices, pues si Rajoy, Acebes, etc., no sabían nada, difícil es que los supieran quienes les botan desde Zamora, Jaén o Carballiño, por citar algunos ejemplos, pero ya hoy es más difícil mantenerse al margen de lo que te cuentan periódicos, radio y televisión.

Incuso los más proclives a mirar para otro lado. Y es que el gobierno llegó hasta las cloacas de Moncloa, formando una banda reclutada entre las fuerzas de seguridad dispuesta a perseguir a sus rivales políticos a través de bulos y mentiras. Y ahora Kitchen.


El pote podrido.

El pote podrido