Las verbenas vuelven con distancia social y con los dedos cruzados para que la prueba piloto salga bien

Las ganas de bailar y de disfrutar de nuevo de las verbenas pudieron con la amenaza de la lluvia y el recinto se llenó con las 1.000 personas | quintana
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Cantaba Sergio Dalma aquello de que “bailar de lejos no es bailar”, pero ayer en el Ponte dos Brozos de Arteixo lo importante era poder menear el esqueleto aunque fuese en los tres metros cuadrados por persona en virtud de la distancia social poscovid. El municipio fue uno de los elegidos por la Xunta para celebrar una verbena piloto previa a la autorización para que se puedan volver a organizar este tipo de fiestas tan propias del verano gallego.

En Arteixo fue la orquesta Los Satélites la que amenizó la jornada, pero los protagonistas casi fueron los 1.000 asistentes que siguiendo un estricto protocolo asistieron a la velada, con la que la Xunta quiere buscar los puntos fuertes y débiles de cara a que este verano puedan volver a rodar las orquestas, uno de los sectores para los que la nueva normalidad tras el covid está todavía lejos. El público, dividido en dos sectores para controlar mejor la distancia, y compuesto por gente de todas las edades, pero sobre todo por los mayores –que fueron los que más bailaron, por cierto–, tuvo paciencia para pasar los controles de identificación y el lavado de manos con gel para luego pasar a disfrutar de la fiesta.



Con lluvia pero sin tabaco


Para el millar de afortunados que consiguió una de las invitaciones daba igual que hubiera que echar mano del paraguas ante la chispeante y amenazante lluvia, que la verbena solo durase un par de horas e incluso la prohibición de fumar, comer y beber. También la necesidad de mantener la distancia social, que estableció un espacio de tres metros cuadrados para cada asistente y solo permitía el contacto entre núcleos familiares, o la ya sempiterna mascarilla, que no evitó que coreasen las canciones de Los Satélites.

Todos ellos, bien organizados –gracias, entre otras cosas, a la docena de policías y voluntarios de Protección Civil–, y sin grandes aglomeraciones –solo alguna cola inicial–, disfrutaron del regreso de las verbenas, aunque fuese de prueba. De hecho, no faltaron ni los chistes con el nombre del experimento: “Ya que no hay perrito piloto, al menos, verbena piloto”. Y todos, también el sector de las orquestas, cruzaron muy fuerte los dedos para que el ensayo sea positivo y regresar cuanto antes al campo de la fiesta.

Las verbenas vuelven con distancia social y con los dedos cruzados para que la prueba piloto salga bien