Qué ha pasado en Chile

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tremendo varapalo el sufrido por los partidos tradicionales chilenos en las elecciones de hace un par de semanas a la Asamblea constituyente que habrá de elaborar la nueva ley fundamental del país, en sustitución de la promulgada en 1980 bajo el régimen de Pinochet.

Centro derecha y centro izquierda se han visto poco menos que arrollados por un conglomerado de candidaturas independientes, sin filiación política concreta, aunque con tendencia a la izquierda, que se hicieron con 48 de los 155 escaños en juego; esto es, con casi una tercera parte de los mismos. Promedio de edad: 45 años.

Bien es cierto que de un padrón de casi 15 millones de electores, sólo votó el 41,5 por ciento; es decir, poco más de 6 millones. Y si se restan votos nulos y en blanco, cabe concluir que sólo el 38,3 por ciento marcó una preferencia. No tardando se iniciarán los trabajos legislativos. La Asamblea o Convención –paritaria hombres/mujeres y con presencia de diez comunidades indígenas que ya tenían reservado su cupo- cuenta con un año como plazo máximo para redactar una propuesta. Ésta habrá de ser sometida en su momento a referéndum, con voto ya obligatorio. Y si no hay texto redactado o el propuesto es rechazado por la ciudadanía, seguiría vigente la Constitución actual.

Auténtico terremoto político, se ha dicho; giro a la izquierda que ha conmocionado al país y al conjunto de América latina. La verdad es que de inesperado ha tenido más bien poco, pues se ha tratado de la repercusión en diferido del amplio movimiento social de protestas que ocupó las principales ciudades en octubre/noviembre de 2019.

Así las cosas, más de uno se ha preguntado qué ha pasado para que el país que otrora fue paradigma del neoliberalismo; el más próspero del subcontinente; el que logró disminuir la pobreza a menos de un 8 por ciento en treinta años; el que tiene en la región la mejor posición en el índice de desarrollo humano, parezca haber renegado de sí mismo.

Para unos, la izquierda radical supo escribir un relato que nadie refutó, según el cual el país sería el más desigual del mundo. El centro izquierda no asumió la defensa de su propia larga obra gobernante, mientras que el centro derecha tenía abandonado desde años atrás el debate cultural o debate de las ideas. El relato de los triunfadores tuvo así vía libre.

Pero no sólo eso. Para otros, en los partidos tradicionales faltó sensibilidad, sobró miedo y hubo exceso de miopía política. Los chilenos, que habían puesto de patas arriba su país, venían reclamando desde tiempo atrás mucho más que reformas constitucionales. Sus demandas eran más simples y estaban directamente relacionadas con su calidad de vida y protección social. Pero no lo supieron ver.

En seis meses habrá elecciones presidenciales. El proceso de cambio puede quedar entonces consumado.

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