Las cosas claras

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Hay políticos presos y presos políticos. Estos últimos suelen serlo por delitos relacionados con el corazón y los otros con la cartera. De estos ya los hay cumpliendo la pena y a la espera de cerrar los casos que tienen con la justicia, siguen por ahí tan finamente. No se pueden contar con los dedos de las manos y los pies pues faltan dedos.


Y sufrimos a los responsables de embarrar la política echando mano de los sentimientos de muchos. Suelen coincidir con los otros.


No es difícil de olvidar las mesas presididas por Rajoy y Aguirre pidiendo el boicot a los productos catalanes ni que fue el Partido Popular el quien recurrió a los tribunales en contra del Estatuto catalán.


Claro que el PP se opuso a las leyes de divorcio, aborto, muerte digna, etc., aunque fueron los primeros beneficiarios (busquen de cuantos divorcios “disfrutó” el gobierno de Mariano. Y es que la hemeroteca es la mejor vacuna para quienes padecen amnesia interesada.


Nos recordaba el otro día en la SER Antón Losada que sobre todo esto que ustedes leen ya están votados y, como el PP sigue en la oposición, valorados por la ciudadanía. Y, por si fuera poco el PP de Casado no tiene un “plan” para Cataluña, un proyecto para la España de las autonomías, un programa para mejorar la economía, salvo su vieja escuela de bajar impuestos a los que más tienen y restringir los gastos sociales a quienes más lo necesitan. Por eso están ahí. En el eterno camino hacia el centro que siempre acaba en la derecha más casposa.


Y en esa batalla entra la presidenta de la comunidad madrileña que aporta al historial de esa autonomía, las trampas con la pandemia y el aumento de la pobreza entre la población que la soporta.


Es, aunque vendan la sede y cambien otra vez de pájaro en su escudo, la derecha de siempre que empezó con aquellos siete magníficos que rodeaban a Fraga, pasando por Aznar y sus mentiras tras el drama de los trenes de Atocha o los hilillos del Prestige, hasta el cuanto peor mejor para nosotros.


Dicen desde muchos medios que nos hace falta una oposición que cumpla con su doble trabajo: vigilar al gobierno y ayudar a España. Por los anuncios de estos días parece que vuelven a lo suyo en compañía de la ultraderecha: cuanto peor mejor.

Las cosas claras