La Comisaría de Lonzas despide al antidisturbios herido en Barcelona

Sus compañeros celebraron un sentido homenaje cuando acudió a dejar la placa y la pistola
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A sus 45 años, Ángel H.S. recibió esta semana la jubilación de la Policía Nacional. Este ya antiguo antidisturbios de la UIP de A Coruña sufrió una herida grave durante los altercados de Barcelona del octubre de 2017. Allí, recibió el impacto de una adoquín arrojado desde un edificio que le destrozó el antebrazo derecho, y le provocó heridas de las que no ha podido recuperarse, incluso tras dos operaciones. Esta semana acudió a Lonzas para entregar su placa, su arma y el carné. A la salida, le esperaban sus compañeros, formados, que le recibieron con aplausos.


“Fue una despedida muy emotiva –confiesa– No sabía que iban a estar allí. Cuando me comunicaron que tenía que ir a entregar la placa, el arma y el carné, avisé a un compañero subinspector por si podía tomar un café con ellos y me dijeron que tenían el día libre. Fui hasta allí, y me encontré con el homenaje”.


Ángel es consciente de que las unidades de antidisturbios suelen ser las menos valorados por el ciudadano, que tienen una imagen negativos de ellas, siempre detrás de sus escudos y sus cascos y empuñando porras. “No estoy de acuerdo. Las unidades de intervención son de lo más versátil que hay en la Policía. Yo estuve en Angrois sacando gente de los vagones, y en situaciones de emergencia también intervenimos, hacemos despliegues, y no solo damos palos”.


Llevaba 14 años en la UIP, pero nada le había preparado para aquella jornada en Barcelona: “En mi vida había visto algo parecido. Incluso un compañero que estuvo en el País Vasco o en la Naval, dijo que no tenía que ver. Venían con una agresividad extrema y con ganas de cargarse a un policía”. 


“Estábamos en un la confluencia de Jonqueres con Trafalgar, habíamos ido en apoyo de otro identificativo de UIP, de Valladolid y nos quedamos sin material, disparando botes de humo, cartuchos detonadores... Mantuvimos la posición y entonces vi como caía de un edificio un adoquín y sentí un impacto fuertísimo en el antebrazo derecho y en ese momento recibí otro impacto en el omoplato, que casi me tira al suelo”, explica.


Operaciones

“Me di cuenta de que tenía el brazo roto y los compañeros me sacaron de la línea y me trasladarme hasta la Jefatura Superior”, continúa. Le operaron pero, después de la primera intervención, hubo una complicación, el hueso no soldó a pesar de que llevaba una placa metálica y seis tornillos, se produjo una pseudoartrosis y le intervinieron por segunda vez en noviembre del año pasado. 


“La fuerza de la mano no la he recuperado. Llevo una placa más grande, con ocho tornillos. Tuve que pasar un tribunal médico en Madrid y resolvieron que la solución es la jubilación”, continúa. A la herida se suma una injusticia: le han jubilado como si hubiese sufrido una lesión común, en vez de una por un acto de servicio. “Ahora tengo que solicitar que me reconozcan la jubilación como tal, no lo comprendo”, reconoce, incrédulo.





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