“Los padres están asumiendo un trabajo que es de la administración”

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Daniel Cameselle Caride (Vigo, 1975) es delineante y padre de un niño y una niña. Residente en Novo Mesoiro, se metió en la AMPA por sus hijos, a los que inscribió en el Manuel Murguía, al descubrir que el centro carecía de muchos servicios. Un grupo de padres que ya se conocía de la escuela infantil decidió implicarse para mejorar las condiciones. Él siguió implicándose hasta convertirse en junio en el presidente de la federación de AMPA de centros públicos.

Es su primer curso en el cargo ¿Qué expectativas tiene?
Este curso se prevé más duro que los anteriores, por lo menos para los padres.

¿Sí? ¿Por qué?
Primero porque este año hay elecciones al consejo escolar. La ley Wert lo ha convertido prácticamente en un órgano consultivo y nos ha arrebatado poder de decisión a los padres.

¿Y qué es lo que se decide en un consejo escolar?
Temas tan importantes como la vestimenta o si se va a dotar a un centro de servicio de desayunos los decide el consello. Y a partir de ahora, los padres podremos opinar pero esa opinión no será vinculante.

¿Alguna otra razón?
Los recortes.

¿Cómo? ¿Más?
Sí, este año el Ayuntamiento ha reducido el importe de los convenios que tiene con nosotros y que nos permiten organizar las actividades extraescolares o los comedores. En 2011, eran 495.000 euros y este año han caído a 312.000 euros actuales, aunque se han esforzado en que aumente la participación.

¿Eso pone a las AMPA en mala situación?
En A Coruña estamos bien comparado con otros lugares. Hemos de reconocer que el convenio sigue siendo muy importante.

¿A qué se destina todo ese dinero?
Pues al programa de comedores escolares, o al de madrugadores, para los niños que vienen antes. El AMPA contrata a la empresa o al monitor directamente y ofrece la actividad: teatro, danza, deportes, música... También, el Ayuntamiento ofrece programas propios y la Diputación también ofrece subvenciones.

El año pasado, en algunos colegios se dieron problemas de falta de mantenimiento. Y se llegó a interrumpir las clases en algún caso.
Ese es un problema habitual en A Coruña, donde tenemos la mala costumbre de tener inviernos lluviosos. Y como muchos patios no están cubiertos, está la pregunta de qué hacer con los niños.

¿Cuál es el tipo de deficiencia que más señalan?
Infraestructuras o accesos complicados. Por ejemplo, en el colegio de Feáns la cuesta es muy empinada. Y otros centros necesitan una zona de esparcimiento cubierta o dejar a los niños en la aula durante el recreo.

¿Se le quejan mucho los padres por ese motivo?
Se quejan más de otras cosas. Por ejemplo, de los recortes en docentes.

¿Habrá menos profesores este curso?
Estamos detectando que falta profesorado. En Elviña, por ejemplo, han echado a seis docentes, la mayor parte de Pedagoxía Terapéutica y Audición e Lenguaxe para niños con necesidades especiales, y ahí la Xunta ha echo un recorte importante.

¿Y cómo se enfrentan al problema?
Los compartimos entre los centros. El profesor de apoyo estará martes y jueves en un centro y miércoles y viernes en otro. Son muy importantes porque hay niños con necesidades, con trastornos como Asperger, TDH. El aula idílica no existe.

Quizá en Japón.
(Ríe) Pues igual sí, pero aquí tienes 26 niños en un aula y si uno va mal, retrasa al resto de la clase. Y si en Elviña pierden seis, y en Manuel Murguía tenían uno a tiempo completo y pasan a compartirlo, o sea que es el 50%... Y así.

¿Es grave?
Puede serlo. En Elviña dicen que peligra la sección de bilingüe. Esas quejas las estamos recibiendo de forma generalizada. Y ahora es justo cuando empezamos a recibir también los primeros avisos de que las aulas se masifican.

¿Ocurre a menudo?
Sí, porque cuando ven que el número de niños baja, se unen las clases. Por ejemplo, tercero y cuarto de Primaria, y así sobra un profesor. De repente, de cinco son siete, o más, un maestro menos... Y eso que el número de niños se mantiene casi constante. En esas batallas estamos.

¿Y es una batalla de verdad?
Bueno, es un trabajo constante, muy duro y poco valorado. Las AMPA están asumiendo un trabajo que debería asumir la administración, y que lo hacen los padres de forma voluntaria.
Porque no les queda otra...
Claro, porque si no, no funcionaría el programa de madrugadores, no habría actividades extraescolares hasta las seis de la tarde... Y la necesidad de conciliación laboral que hay a día de hoy es brutal.

¿Sí?
Por supuesto. ¿Qué familia hoy en día se puede permitir que su hijo vaya al colegio solo de nueve a dos? Si no tiene los abuelos viviendo con ellos, pocos tenemos ese horario para compaginar, así que los padres tienen que hacer un puzzle.

¿Puzzle?
Según me toque trabajar, lo mando a madrugadores, al comedor, o a una horita por la tarde. Es todo fruto de un esfuerzo ingente y las autoridades deberían tomarlo en consideración.

¿No les apoyan lo suficiente?
Deberían dotarnos más. La administración pública va por detrás del AMPA cuando se trata de las necesidades de los niños.

El lado más sucio de la educación
Aunque rara vez se incida en ella, una de las quejas más curiosas tiene que ver, en palabras de Cameselle, con el \“control de esfínteres de los niños de tres años\”. Ahora los niños se escolarizan cada vez antes y de hecho se ha reducido en un año la edad de ingreso, y algunos todavía no han cumplido los tres cuando llegan, así que lo de ir al baño aún no lo tienen dominado por completo. \“A algunos se les escapa el pipí y el popó\”, bromea el presidente, que señala que no hay una figura que se ocupe de este problema: \“En algunos centros se encargan los mismos profesores. Yo no digo que tenga que ser así, pero sin duda va a haber que hablarlo\”.

“Los padres están asumiendo un trabajo que es de la administración”