“En el Banco de Alimentos no se habla ni de política ni de ideologías”

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En febrero de 2010, un grupo de nueve personas crea, al amparo de la federación española, el Banco de Alimentos Rías Altas, con dos sedes, una en A Coruña, la principal, y otra en Santiago. \“Éramos nueve amigos que no teníamos dinero ni para pagar las tasas mínimas necesarias\”, recuerda presidente de la entidad coruñesa, José Luis Castro-Acuña. De los 2.000 kilos de los alimentos que repartieron cuando arrancaron su actividad han pasado a los dos millones de kilos distribuidos en 2011. No entregan directamente a las personas, sino que reparten la comida que les donan las empresas y las administraciones entre las asociaciones benéficas.

¿Se ha incrementado el número de asociaciones que les pide ayuda?

Unas 30 más que el año pasado. Antes teníamos unas 122 y se han incrementado, más o menos, en un 20%. Hay que tener en cuenta que cada asociación atiende a un montón de gente, 20, 40 o 200 personas. Un ejemplo: si hace dos años sumábamos 5.000 beneficiarios entre todas las entidades ahora son más de 25.000 las personas que se atienden en toda la provincia. Y esto va en aumento porque, aunque nosotros no entregamos alimentos directamente a las personas, cada vez nos llama más gente y nosotros los dirigimos a la asociación que les puede ayudar.

SOMOS UNA OFICINA DE COLOCACIÓN: ESTE AÑO YA LLEVAMOS CINCO

la gente que colabora con nosotros tiene mucho mérito porque son personas CON sus problemas y se olvidan de ellos para ocuparse de los demás

¿La subida del IVA se notó?

No especialmente. La gente pide ayuda por la situación de paro. Una familia que se encuentra el padre y la madre sin trabajo, esa es una situación crítica, y entonces va a buscar ayuda. No hay más que ver los comedores sociales como los de la Cocina Económica, a los que cada vez va gente de un nivel social más alto.

Están federados en la red nacional de Bancos de Alimentos, ¿cómo es la situación de A Coruña con respecto a otras ciudades españolas?

Estamos en la media. Tenemos bastante población y por lo tanto hay más gente que atender. Por ejemplo, Cáceres tiene mucha producción y tiene poca población y reparte a todos los bancos lo que le sobra. Y al revés. A veces somos nosotros los que enviamos alimentos cuando vemos que no vamos a poder distribuirlos todos.

¿Cómo hacen el reparto de alimentos entre las asociaciones? ¿Les dan todo lo que piden?

Tenemos dos formas de funcionar. Lo que viene a través del Ministerio se reparte a la carta, según lo que necesita cada asociación. Y después nosotros tenemos nuestro fichero independiente. Ahora acabamos de recibir una carga procedente del Fondo Español de Garantía Agraria, Fega, –300.000 kilos de comida– que es el fondo agrario alimentario europeo, que vamos a empezara distribuir el lunes.

La Unión Europea debate retirar esa ayuda que se distribuye a los bancos de alimentos a través del fondo de cohesión a partir de 2014, y que sea cada país el que busque la forma de autofinanciarse.

El Ministerio de Agricultura lleva varios años con esta ayuda, que distribuye a través del Fega. No sabemos cuánto tiempo va a seguir porque los problemas sociales en cada país son distintos, y del Fega dicen que este año puede ser el último. No significa que no se vaya a hacer nada después, sino que se organizaría de un modo distinto. Quieren dejarlo todo para que cada estado se organice por su cuenta y ponga lo que le corresponde.

¿Supondría esto un problema para el Banco de Alimentos?

Si no nos compensan sí porque no podríamos mantener el mismo nivel de ayuda que estamos ofreciendo en estos momentos.

¿Cuántos voluntarios trabajan en la sede de A Coruña?

Estamos los que vamos todos los días a la oficina, unas ocho persona, más la gente del almacén, que va variando. También tenemos gente en una sede de Santiago, cinco personas, que está pensada para que las asociaciones del sur de la provincia no tengan que venir hasta A Coruña a recoger los alimentos, que a veces no son tantos como nos gustaría.

¿Y la media de edad?

Nos ayudan bastante los jóvenes, aunque diríamos que aquí colabora gente desde los 25 hasta 77. El abanico es amplio. Tenemos una lista de voluntarios, con gente que a lo mejor no puede venir todos los días, pero que avisamos para acciones como la operación kilo. La gente joven que está en edad laboral colabora mientras está en el paro, y si les aparece una oportunidad de trabajo se van. Tenemos una compañera que se ha ido esta semana a hacer unas pruebas para un empleo, y tenemos que buscar a otra persona para su sitio. Gonzalo –secretario de la entidad– siempre dice que el Banco de Alimentos es una oficina de colocación, de empleo. ¡Solo este año llevamos cinco!

Supongo que eso les alegra más que quedarse sin mano de obra...

¡Sí, claro! Yo siempre animo a la gente a que ponga en el currículo que colabora con el banco porque es algo positivo. Si tu estás trabajando sin cobrar es una cosa importante. Es gente con mucho mérito porque son personas que tiene sus problemas graves y se olvidan de ellos para ocuparse de los demás.

¿Las empresas lo valoran?

No digo que sea algo decisivo a la hora de encontrar un trabajo, pero ayuda. Nosotros tenemos desde gente con dos carreras hasta taxistas, trabajadores manuales, obreros... Todo tipo de personas. Se trata de que los que vienen estén contentos. Aquí no hablamos de política, ni de ideologías ni de nada. Hay cosas curiosas como los que vienen de instituciones penitenciarias, que son personas condenadas a trabajos en favor de la comunidad. A veces vienen como de mala gana y, en cuanto ven el ambiente, se incorporan y trabajan. Y cuando cumplen su pena vuelven y dicen: \“¿Puedo trabajar unas cuantas horas de voluntario?\”.

el día a día
El trabajo en el Banco de Alimentos Rías Altas no para. Cada trimestre, aproximadamente, reciben un lote de alimentos procedente de la Unión Europea. La última carga llegó hace unas semanas y está previsto que empiecen a distribuirla mañana. Los palés ya esperan preparados a la puerta del almacén que les cedió temporalmente Grupo Sánchez en el polígono de A Grela. Pese a que labor resulta vital para el día a día de muchas asociaciones benéficas, Castro-Acuña cree que su trabajo no está del todo claro entre los coruñeses. Agradecen el trabajo de las empresas que colaboran con ellos de forma desinteresada, pero necesitan más.

“En el Banco de Alimentos no se habla ni de política ni de ideologías”