“La sociedad gallega le dio un sablazo a Sargadelos por destituir a Isaac”

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Camilo Díaz Arias es el primogénito de Isaac Díaz Pardo, quien falleció hace ahora dos años y medio. Es por tanto uno de los herederos de parte del legado de su padre. Accionista del Grupo Sargadelos –entre los familiares controlan aproximadamente una cuarta parte de la compañía–, no puede sino lamentar la situación en la que se encuentra actualmente la empresa y, sobre todo, el modo en que se han sucedido los acontecimientos en los últimos años.

¿Cómo vive la situación actual de Sargadelos?
La situación es muy complicada y viene de lejos, es una historia de varios años. Hemos intentado varias veces corregir esta deriva actual, pero nunca hemos tenido \“feeling\” con los actuales gestores y, claro, viendo ahora todo lo que está ocurriendo, podríamos utilizar esa famosa expresión de que de aquellos polvos vienen ahora estos lodos.

Aparte de la crisis económica, que ha golpeado a todos, no solo a Sargadelos, ¿qué es lo que ha pasado para que una empresa con tanto arraigo y tanta presencia en los hogares gallegos esté cayendo de esta manera?
Como le digo, la historia se entiende remontándose unos cuantos años atrás. Isaac (se referirá a su padre por su nombre de pila durante toda la entrevista) y sus colaboradores hicieron que el grupo, en pocos años, se disparara gracias al desarrollo de una política mixta. Es decir, combinando la parte cultural con la mercantil. Eso estuvo funcionando muy bien hasta el año 2006, cuando se alcanza incluso una facturación entre 12 y 14 millones de euros en ventas y una producción de 1.150.000 piezas. El problema es que ese crecimiento meteórico derivó en un cambio generacional.

Es decir, que los colaboradores de Isaac fueron dando paso a sus hijos.
Exacto. Y estos tenían otra forma de ver las cosas, lo que acabó finalmente con el cese de Isaac de las mercantiles (Cerámicas Sargadelos y Cerámicas O Castro) y desarrollando una gestión en la que se fue abandonando todo el programa cultural. Decían que seguían igual, pero está claro que no fue así. Les faltó talento para continuar.

¿Pero, así de repente, se precipitó la caída de las ventas?
La sociedad gallega pasó factura mediática, porque seguía con interés la vida de Isaac. Digamos que la sociedad gallega le dio un sablazo a Sargadelos por ese cese. En cuanto este se produjo, ya nos decía la gente que no iban a comprar más piezas de Sargadelos. Tanto que le diré que el segundo semestre de 2006 –prescinden de su padre en el mes de junio– fue un lastre, a pesar de la buena situación anterior.

¿Tan grande fue el impacto de aquella salida?
Sí, además empezaron los reconocimientos a Isaac y se empieza a depreciar el grupo. No había nadie capaz de sustituirle. Él hacía de todo, era muy completo, como un Leonardo da Vinci. No se ha cubierto ni un 10% el vacío que supuso su salida.

Desde que les cesan en 2006, ¿cuándo se produce el primer contacto con el resto de accionistas que están gestionando la empresa?
A mediados de 2011 nos pidieron que volviéramos. Ya en 2012 presentamos un plan de viabilidad muy ambicioso, en el que se planteaba asociarnos con otras marcas. Pero no les pareció bien y dimitimos inmediatamente. Encontrábamos violencia. Había ya unos compromisos que tenían adquiridos y que no eran rentables.

¿Y después de que se vayan, cuándo vuelven a contactar?
En 2013 nos llaman otra vez. Entonces, intentamos de nuevo hacer esa propuesta, pero pasan meses, no se solucionan las cosas... Había que trabajar, que hubiera cambios reales, porque así no podíamos seguir. Les dijimos que había que apostar por la vanguardia y el compromiso, adaptarnos a la situación del país, de ajustes económicos, claro, pero que se trabajara en serio en una cierta innovación.

¿En qué quedó aquello?
No duramos más que seis meses. Se diseñaron figuras en homenaje a Isaac, a Seoane, a Picasso... Pero todo se hacía con lentitud y frenados por cosas que hacían y que no aportaban dinero. Insisto, se cambió la política de la empresa desde 2006 abandonando los temas culturales. Rompieron unilateralmente los convenios con el Seminario y el Laboratorio de Formas. Cuando nos cesaron, les advertimos de que las cosas no iban a ir bien. Se quedó sin los valores que le inculcó Isaac, que son la gallina de los huevos de oro, el corazón de la empresa. La parte comercial la puede hacer cualquiera, pero Sargadelos no se va a vender solo por su marca.

Transmite entonces una sensación de que Sargadelos, sin Isaac, está huérfana y permanecerá huérfana.
Sargadelos está unida a Isaac. Son indisolubles. Al menos hasta que la sociedad se olvide de él. n

“La sociedad gallega le dio un sablazo a Sargadelos por destituir a Isaac”