El pico que no llega por mucho que nos lo anuncien

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en una situación de crisis como en la que estamos, es normal que los responsables políticos estén deseando que haya un buen dato, por minúsculo que sea, para aferrarse a él como un clavo ardiendo y, de paso, justificar en la supuesta bonanza, su propia gestión. Por ello, el pasado jueves, al ministro de Sanidad, Salvador Illa, le faltó tiempo para deslizar la idea del cambio de tendencia en la pandemia que sufrimos gracias a que el número de víctimas mortales se había reducido de un modo sustancial (de 738 el miércoles a 655 el jueves). Pero como la realidad es tozuda, al día siguiente nos encontramos con el desvanecimiento de esa supuesta “fase de estabilización” al conocer que, de nuevo, crecía el número de fallecidos, en concreto fueron 769, cifra récord hasta el momento. El Gobierno confía en que el confinamiento sea suficiente para frenar la expansión de la enfermedad, pero, por lo visto hasta ahora, la medida adoptada no parece ser la gran solución que algunos expertos auguraban. FOTO: el ministro de sanidad, Salvador Illa, en el congreso | aec

El pico que no llega por mucho que nos lo anuncien