Los grafiteros vuelven a actuar en las calles del centro de la ciudad

La calle Perillana está cubierta de grandes pintadas | Pedro Puig
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Después de varios meses sin incidentes parecidos, la Policía Local sancionó durante el fin de semana a dos individuos a los que sorprendieron pintarrajeando las paredes de las calles de la Cormelana y la Perillana, aledañas a la de San Andrés. Fuentes municipales señalan que se trata de viejos conocidos de las autoridades, a los que confiscaron los botes de pintura y sancionaron por daños a la propiedad. Son de las primeras actuaciones de este tipo en lo que va de año.


Sobre este punto, hay que matizar que la Consellería de Medio Ambiente, de la que es responsable Esther Fontán, suele intervenir mediante un proceso de negociación con los infractores, de manera que la sanción, que puede llegar a los 600 euros, podría ser conmutada si aceptan limpiar los daños que han producido en las paredes. Se entiende como una forma de reinserción pero a veces, los grafiteros no acceden, y solo queda la multa. 


“A estos les va a caer por varios casos”, apuntan fuentes municipales. Hay que tener en cuenta que el Ayuntamiento redactó hace unos años una lista con los grafiteros más activos de la ciudad, algo menos de treinta sujetos, y los dos sancionados este fin de semana se encuentran incluidos en dicha lista, así que tienen numerosos antecedentes. 



La zona cero 


Por otro lado, la zona en la que actuaron los grafiteros es una de las más castigadas por este tipo de actos vandálicos de toda la ciudad, y afecta tanto a las comunidades de vecinos como a los dueños de los establecimientos, que tienen que repintar las fachadas. Las calles Orzán, Cordelería, Vista y todas las que se cruzan entre San Andrés y Barrié de la Maza concentran la mayoría de las pintadas de la zona centro, aprovechando su carácter peatonal y sus calles estrechas.


Mientras tanto, A Coruña sigue a la espera de una ordenanza contra los grafitis, que había prometido Fontán al comienzo del mandato. Las medidas incluían un aumento de los importes de las multas, pero también campañas de concienciación. En por lo menos un caso, un grafitero tuvo que ir a prisión después de negarse a pagar las multas que se le impusieron o llegar a nu arreglo con las autoridades. De momento, el contrato de limpieza callejera concedido recientemente incluye también el borrado de estas molestas pintadas. 

Los grafiteros vuelven a actuar en las calles del centro de la ciudad