‘Match ball’ envenenado

El BC cumplió en el primer duelo una de sus premisas del éxito, dejar al rival por debajo de 75 puntos. Esta temporada lo ha hecho en 15 ocasiones y en 13 se anotó la victoria | javier alborés
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El Basquet Coruña y el Oviedo se midieron por última en Pumarín en partido de playoffs el 20 de abril de 2014. Entonces con ‘match ball’ para los carbayones, que habían ganado el primer envite en Riazor. Siete años, un mes y cinco días después también hay bola de partido, pero en este caso para los visitantes.


Un ‘match ball’ envenenado por la historia de desamor del cuadro herculino con el pequeño polideportivo de Pumarín, donde esta tarde 300 ruidosos aficionados tratarán de llevar en volandas a su equipo al 11-00 histórico contra el BC y llevar así la serie a un todo o nada el viernes en Riazor.


El envite inaugural se saltó la lógica en varios aspectos. El Oviedo, unos de los mejores equipos de Oro lanzando desde larga distancia, falló cual escopeta de feria (5 de 21). El Coruña, conjunto más fuerte en el rebote, perdió la batalla (38-41) contra los de Natxo Lezkano, y de nuevo, como en el cierre de la segunda fase ante el Castelló, se dejaron rebañar demasiados (12) en su propio aro, aunque también hicieron estragos en el otro (13).


Tampoco obedece a una lógica básica, y menos entre dos equipos tan parejos, el intercambio de parciales exagerados. Un 0-15 puso a la escuadra astur en camino hacia el 0-1 en la serie. Y uno de 12-0 volteó la 

tortilla en el tramo final para dar el punto a los de Sergio García (74-66).


Además de la fortaleza mental exhibida en esos cuatro minutos salvadores, el Basquet Coruña se ciñó a uno de sus axiomas vitales del presente curso: cuando deja al rival por debajo por debajo de 75 puntos, su porcentaje de victorias es del 86.6% (13 de 15). Solo el Breogán en Riazor (60-68) y el Granada (74-65) han superado a la ‘marea naranja’ sin llegar a los tres cuartos de centena.


Perímetro clave

Para poder conseguirlo de nuevo se antoja instrumental una mayor vigilancia en el perímetro, ya que no parece factible que el Oviedo pueda volver a mostrarse tan errático desde el arco, una suerte que la ‘marea naranja’ está practicando más de lo habitual en los últimos encuentros (95 triples intentandos, con solo 30 aciertos, entre los duelos en Almansa, contra el Castelló y frente al Oviedo).


En caso de seguir lanzando tanto desde larga distancia, harían bien los de Sergio García en generar los tiros desde el poste bajo, para tratar de sacar de sitio a unos pívots del Oviedo que igualan en potencial a los del Coruña con la fortaleza física del trío compuesto por Herve Kabasele, Massine Fall y Marc Eddy Norelia, y el talento ‘old school’ de Óliver Arteaga.


Si hay un día ideal para acabar con la maldición de Pumarín, es el 25 de mayo de 2020. Porque la historia desaconseja jugar demasiadas veces contra el Oviedo Baloncesto, cuya hoja de servicios como ‘bestia negra’ del BC incluye también seis victorias en las diez comparecencias –en LEB Oro– en A Coruña.

‘Match ball’ envenenado