Solidaridad y activismo social

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Me comentaba un compañero de una Plataforma ciudadana de una conocida ciudad Andalucía, de unos 600.000 habitantes, que ellos desean ayudar siempre a las familias y que además se impliquen en las gestiones burocráticas, contactos con las entidades financieras, fondos de inversión, administraciones, movilizaciones, etc. . Quizás pueda ser un error ya que, por mi propia experiencia, en la Comarca de Arousa, demasiadas familias que ven la posibilidad de perder su vivienda habitual, después de años pagando religiosamente la hipoteca, difícilmente tienen fuerza moral para levantar la voz y muchas ni son conscientes de la pesadilla que están viviendo.


Nos encontramos con familias humildes, con hijos menores, que de nada les sirve que abran los comedores escolares en verano. Durante ese período pueden nutrirse correctamente los niños pero, ¿y los demás miembros de la familia?. Hay que pensar que cuando los niños no están bien alimentados en una familia, el resto de sus miembros también pasan necesidades.


Familias que ya no solo temen quedarse en la calle sino que no pueden afrontar sus gastos más básicos, apenas comen algo que no sea arroz o espaguetis. Algunas familias ya nos llegan con crisis de ansiedad y depresión, gracias al acoso inhumano, ejercido por parte de algunos responsables financieros o de las empresas externas que se encargan de los recobros. Son personas sin escrúpulos que solo piensan en el beneficio económico sin importarles de que están tratando con personas.


Demasiadas familias de nuestro país, continúan pasando por dificultades y no podemos poner cortapisas ni límite alguno a la ayuda que les podemos prestar a través de la solidaridad y el activismo social. No podemos obviar de que todos somos responsables, (sin duda unos más que otros) por acción u omisión. 

Solidaridad y activismo social